Crónica de Antaño
Son Boter. De las viñas medievales a la Fundació Pilar i Joan Miró

Joan Miró. / D.M.
Bartomeu Bestard
La finca de Son Boter forma parte de la Fundació Pilar i Joan Miró. Al estar situada en lo alto de una escalonada ladera de bancales de Cala Major, disfruta de unas espectaculares vistas que permiten otear la bahía palmesana al sur y la sierra de Tramuntana al norte. A los pies del altozano se encuentra el antiguo camino que unía Palma con Andratx, hoy convertido en la calle Joan Miró; mientras que al norte una empinada cuesta comunica con los barrios de Génova y la Bonanova. Antiguos documentos nos descubren la conformación de la finca durante el medievo, así como nos desvelan el origen de su topónimo.
La formación y denominación "Son Boter" se remonta al siglo XIV, momento en que toma el apellido de su propietario. Fue en el año 1393, cuando el mercader Llorenç Boter, vecino de la parroquia de Santa Cruz de Palma, adquirió una viña a Nicolau de Déu. Dicho terreno confrontaba: con el camino de Portopí; con el camino que va a Calvià; y con otra viña del propio Boter. Con la unión de estas parcelas, Llorenç Boter configuró una nueva finca que tomaría su apellido precedido de la aglutinación Son „es decir, açó d´en (esto de)„, costumbre, como se sabe, muy arraigada en la isla. De esta manera queda documentada la finca y el nombre que la identifica a finales del siglo XIV, pero no así su edificio principal, la construcción del cual debe datarse a finales del siglo XVIII.
Antiguamente, hasta principios del siglo XIX, la propiedad podía estar incluida dentro de una demarcación de tipo feudal: la cavalleria. Los poseedores de esas jurisdicciones señoriales tenían una serie de derechos sobre los territorios que las conformaban. Al menos desde el siglo XVII el predio de Son Boter formó parte de la Cavalleria de Son Vich, de la cual la familia Rossinyol era la poseedora. En el año 1653 Jaume Rossinyol la vendió al canónigo Jerónimo Ballester de Togores, conde de Ayamans. A partir de entonces la cavalleria, perteneció a esta familia. Efectivamente, en la cabrevación realizada en 1742 aparecen las propiedades de Jaime Ballester de Togores, conde de Ayamans, en dónde, entre otras, se cabreva la cavalleria de Son Vich, "que posee con los censales alodiales de gallinas, diezmos y otros derechos en aquella pertenecientes que hacen y prestan diversos establecedores del Rafal conocido como Son Vich, sobre el cual recae dicha cavallería, situada en el término de la presente Ciudad junto al castillo de Bellver. Confronta por una parte con el Castillo de Bellver, de otra con el predio de Son Berga, de otra con la montaña conocida como Burguesa, y otra parte con la finca de Bendinat, y otra parte con la ribera del mar, a saber: Cala Mayor, Cala Formatge, Porto Pi, hasta llegar a la cala del Puente del Diablo, y hasta la Cala de la Torre d´en Carrós..." En el año 1930, Mariano Gual de Togores, conde de Ayamans, vendió los alodios y censos „vestigios de lo que quedaba de la jurisdicción feudal„ que gravaban la finca de Son Boter, a Gabriel Jaume Coll, los cuales fueron heredados por su hija Juana Ana Jaume Llabrés.
En cuanto a la propiedad, ya se ha dicho que en el siglo XIV perteneció a Llorenç Boter, que le dio el nombre. La finca pasó por diferentes manos, no se sabe si por compra o por herencia. Ya en el siglo XVIII la finca perteneció a la familia Martorell, originaria de Pollença. A inicios del siglo XIX, Joana Martorell Danús la heredó de su padre. Ésta se casó con el alguacil mayor de la Real Audiencia de Mallorca, Francisco de Asprer y de Canal. Heredó Son Boter su hijo Francisco y más tarde su nieto Francisco de Asprer y Fuster de Puigdorfila. En 1868, éste último vendió la finca a doña Catalina Rosselló Pujol, cuya nieta casó con Rafael de Isasi Ransone. Su hija, Teresa de Isasi, poseyó la finca hasta finales de los años cincuenta del siglo XX, momento en que fue vendida. Finalmente, en 1959, la finca de Son Boter fue comprada por la familia Miró-Juncosa.
No es aventurado pensar que fuese la familia Martorell la que mandó construir las casas prediales de Son Boter. Precisamente, a partir de la segunda mitad del setecientos, en Mallorca, se advierte una mayor actividad e interés en las construcciones rurales. Este fenómeno, en parte, se debe al cambio de mentalidad y costumbres. Es la época en que el campo, además de ser un centro de producción del sector primario, en algunos casos se convierte, en un lugar de recreo y evasión. Entre los ejemplos más singulares podemos citar las fincas de Raixa, Canet o Alfàbia, o para el caso de Palma, Son Berga Nou de Establiments. Al mismo tiempo, se produce una actividad a medio camino entre lo que es la residencia señorial urbana y la "possessió" o finca rural. Se trata de construcciones que van apareciendo fuera, aunque no muy alejadas, de la ciudad. Las zonas de Son Armadans, el Terreno y Cala Mayor son quizás los lugares más representativos de este fenómeno. En un principio aparecen edificaciones aisladas destinadas a ser ocupadas durante los meses de primavera y verano. Sus huéspedes acuden en busca de la tranquilidad, la reunión familiar o simplemente la ociosidad veraniega.
Sin duda, la finalidad de Son Boter desde su creación „hacia la segunda mitad del siglo XVIII„ hasta mediados del siglo XX, fue la de residencia de veraneo y recreo. El momento más relevante de la finca vendría en 1959, cuando Joan Miró y su esposa Pilar Juncosa compraron la finca para engrandecer su residencia de Son Abrines. Miró lo hizo con el objetivo de ganar tranquilidad y obtener más espacio para realizar sus obras. Así se lo hacía saber por carta a su amigo Josep Lluís Sert en el momento de comprar la propiedad: "acabo d´adquirir "Son Boter", la magnífica casa que estava el darrera la nostra. Això, a part de ser una bona inversió, em posa sobretot a l´abric de tot veïnat enutjós. Em servirà també per a fer-hi teles i escultures monumentals i així descongetionar el taller. Per la "Fundació"". De esta forma Palma ganó un nuevo espacio Miró, al mismo tiempo que se procuró la conservación del edificio en su forma genuina.
*Cronista oficial de Palma
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