La mayoría de las embarcaciones deportivas que amarran en puertos mallorquines aprovechan los meses previos al verano para realizar en dique seco las tareas de mantenimiento, fundamentales para que se encuentren en buen estado en la temporada del año de mayor uso. Los trabajadores que realizan esas tareas en las zonas de varadero de los puertos deportivos de la isla, desde limpiezas, lijados, tratamientos de pintura o impermeabilizaciones, hasta aplicaciones específicas contra el envejecimiento y la porosidad de las superficies de fibra, conocen muy bien todas las señales que el puerto de Palma deja en los cascos de los veleros y yates que habitualmente atracan en sus pantalanes. No sólo en los del Real Club Náutico, sino también en el Club de Mar y otras marinas privadas de la gran ensenada. Según las fuentes consultadas, la suciedad y los sedimentos que se impregnan a las carenas de los buques desvelan su origen palmesano como una señal inconfundible, pues un invierno de amarre en los puertos de Ciutat, de fondos cubiertos de lodo, deja muchas más huellas en la obra viva que en otras marinas del litoral más pequeñas, de menor capacidad y mucho más limpias. Esas estancias en Palma obligan también a trabajar más a los operarios de los astilleros. De ahí que la limpieza del puerto de Ciutat no solo resulte beneficiosa para su aspecto general, sino también para el mantenimiento de las embarcaciones que lo utilizan como base.