Lo peor no es la retirada del Plan de Reforma de la Platja de Palma, lo peor es que el Govern no haya datado la presentación del nuevo proyecto que debe incorporar las alegaciones presentadas, que haya solucionado la situación que le agobiaba con un anuncio sin fecha, con una palabra sin compromiso, con un deja para mañana lo que no puedas solucionar hoy. Es la misma actitud que se expresa cuando la consellera de Turismo, Joana Barceló, alaba el trabajo realizado por Margarita Nájera inmediatamente después de tumbar su proyecto, pues se supone que ésta última acción es en parte consecuencia de algo que no hizo la gerente del consorcio o que directamente realizó mal: toda esa letra pequeña que no estaba en el plan inicial y que después levantó a una multitud de agraviados desde Can Pastilla a s´Arenal de Llucmajor, que puso en pie de guerra a comerciantes, que provocó las advertencias de compañías aéreas y mayoristas con intereses económicos en la zona, que generó todo un cúmulo de desacuerdos de los hoteleros que no estaban dispuestos a soportar la suspensión de licencias. Ahora, además, queda patente que ni quienes presiden las instituciones confiaban en el plan, un "resort sin identidad" según Armengol. Al menos no lo suficiente como para a enfrentarse a unas elecciones con esa oposición, cuando ni siquiera podían asegurar que la tramitación del documento urbanístico no resultara un fracaso. Si se busca consenso, ese no el camino.