"La llegada de pateras a las costas de Canarias y la Península empezaba a ser un fenómeno visible y era motivo de continuos reportajes en la tele. Era la época en la que nos enseñaban los muertos en las playas, lo que nos hizo reflexionar sobre la inmigración". El padre Llorenç también recuerda que la parroquia de Sant Pau comenzaba a tener feligreses procedentes de otros lugares, sobre todo de Latinoamérica. Acabábamos de entrar en el siglo XXI y la llegada de gente de fuera era un hecho. Por este motivo, la comunidad religiosa de Son Dameto centró la Pascua de 2001 "en la inmigración y en recordar que anteriormente muchos de nosotros fuimos inmigrantes". En otra ocasión celebraron una comida intercultural, aunque la implicación real con "los nuevos vecinos", como les llaman, surgió en mayo tras una propuesta de la profesora de instituto Matilde Gastalver. "Ella daba clases de español, impulsadas por Cáritas, en la iglesia de Sant Magí, pero había un par de alumnos que no podían seguir el ritmo, por lo que nos propuso que les ayudásemos", explica el presidente de la asociación de vecinos de Son Dameto, Francesc Bonnín.0

Este jubilado y otra residente del barrio, Maruja Segurado, empezaron con la tarea encomendada, aunque se dieron cuenta enseguida de que había varios handicaps: "Dar clases una vez a la semana era insuficiente, ya que no avanzaban; y tampoco funcionaba el típico esquema escolar de seguir un método, porque algunos estudiantes venían unos días y otros no, ya que encontraban trabajo; además, poco a poco se incorporaban inmigrantes que acababan de llegar, por lo que eran unas clases muy variadas".

Tuvieron que ampliar la oferta y crear diferentes niveles. "Hubo épocas en las que se juntaban hasta veinte personas en un mismo aula", destaca el padre Llorenç. Por aula se refiere al comedor, la cocina y los dormitorios del piso parroquial, el lugar en el que todavía realizan los cursos de español.

Un centenar de alumnos

Actualmente, hay clases de lunes a viernes y cinco niveles de enseñanza divididos en dos turnos cada uno. Ahora no van tan desbordados, ya que el número de voluntarios supera la treintena, aunque tienen "más de un centenar de alumnos cada día". Los inmigrantes, procedentes sobre todo de Mali, Senegal, Guinea Conakry, Níger y Nigeria, se enteran de estas clases gratuitas por el boca a boca y llegaron a tener algunos que incluso se desplazaban desde Manacor, pero lo habitual es que acudan de diversos barrios palmesanos.

La diferencia de estas enseñanzas con las que el Ayuntamiento empezó a impartir es que "la administración es muy burocrática, con preinscripción, matrícula y clases regladas, algo que muchos inmigrantes no entienden", en palabras de Bonnín.

El éxito de la asociación vecinal y la parroquia de Son Dameto radica en que se adaptan a los estudiantes. No utilizan libros –"ninguno se ajustaba a las peculiaridades de estas clases, que no tienen inicio ni final"–, sino todo tipo de situaciones y objetos reales, como "un folleto de un supermercado para que aprendan cómo se llaman los alimentos", por ejemplo.

Sin embargo, el verdadero logro y a quien va dirigido el premio son los voluntarios. "Sin ellos esto no sería posible", destaca el padre Llorenç. La líder vecinal Rosa Bueno, que da nombre al galardón de Cort, no podrá ser voluntaria, pese a su intención de dar clases a los "nuevos vecinos" de Son Dameto "cuando se curase".