Los ciudadanos tienen por primera vez voz y voto para decidir cómo quieren que sea su ciudad. El ayuntamiento de Palma ha puesto a su disposición diversos medios para que depositen sus propuestas hasta el próximo 24 de enero.

Pero, ¿cómo quieren que sea? La lista es infinita. Más árboles y parques, menos coches, con contenedores soterrados, con más espacios lúdicos...

Si bien, y sin restar méritos a la iniciativa municipal, a los ciudadanos hoy por hoy les es un tanto indiferente. El urbanismo, y más el de 2025, pasa a un segundo plano cuando viven en situación de desempleo, sin dinero para las guarderías o acechados por el vandalismo. A la vista de sus primeras respuestas, su prioridad pasa por atajar la delincuencia juvenil, sobre todo el de las bandas callejeras; una mejor accesibilidad a los servicios sociales, y una mayor convivencia ciudadana, en la que no haya espacio para el ruido y el incivismo. La Policía Local se lleva, en este sentido, numerosas críticas de los residentes de Ciutat. Aluden a su ineficacia y a su lenta capacidad de respuesta.

Lo cierto es que les cuesta imaginar cómo será la Palma del futuro. La mayoría aseguran estar contentos con el modelo actual, aunque con algunos matices. "Debería haber más parques" y "zonas libres para aparcar", comenta Yolanda Herrerías.

La zonas verdes se convierten, así, en una de las principales reivindicaciones ciudadanas, junto a la reducción del tráfico rodado. "Le sobran coches, o falta sitio para aparcar o necesitamos más transporte público", indica en este sentido Carmen Tugores, que trabaja de esteticista en un comercio de las Ramblas. Emilio Macanás, que acaba de instalar su puesto de castañas en la calle Unió, coincide con ella. Dice estar contento con su barrio, cerca del parque de ses Estacions, aunque echa en falta espacios infantiles.

Pero no todos comparten su opinión. Más parques sólo incrementaría la presencia de jóvenes vandálicos, estima Daniel Riera, que apuesta por suprimir el carril bici de Avenidas. En esta zona, a los ciudadanos no sólo les molesta el vial sino las esculturas que han puesto, afirma Catalina Vaquer, que también critica duramente el aumento de las bandas juveniles. "Me gustaría que la ciudad fuera nuestra otra vez, que se pudiera pasear con tranquilidad".

El ocio también entra en escena. A Palma le falta vida. La ciudad languidece tras la clausura de los comercios. Carmen Tugores apuesta por la creación de más espacios dedicados a esta oferta y sugiere, incluso, la construcción de algún centro comercial.

En Camp Redó son partidarios de la prolongación del eje cívico, siempre que permitan aparcar, declaran los vecinos, preguntados de nuevo por ello. Como también del plan de reconversión de las viviendas de Corea. Para Rafael Jiménez, comerciante de esta barriada, Cort debería mejorar el servicio de la recogida de basura, o bien colocar contenedores soterrados. Otros van, incluso, más allá. "Palma necesita ser cerrada totalmente al tráfico y un gran parque como tienen las grandes capitales, en lugar de poner baldosas y un par de árboles". Una ciudad más amable donde el servicio de transporte fuera gratuito los fines de semana, indica Luís Llull, que vaticina una gran acogida del tranvía. Pero insiste, sobre todo, en reformar el entorno del aeropuerto para mejorar la imagen de cara al turismo. "Es lo primero que ven y no es muy agradable", declara.

La rehabilitación es, igualmente, otra de las iniciativas con más quórum. Las barriadas están agonizando, las fincas están desconchadas y las infraestructuras son obsoletas. Son muchos los que opinan que Palma necesita un plan de embellecimiento urgente, porque es "lo que nos da de comer".