27 de junio de 2010
27.06.2010
Seguridad ciudadana

A la caza de la cartera del turista ebrio

Robos, ruidos y prostitución callejera constituyen las lacras cotidianas de esta concurrida avenida de la Playa de Palma

27.06.2010 | 08:30

Los turistas solitarios, ebrios y con la cartera repleta constituyen la pieza más codiciada. Prostitutas nigerianas acosan a su víctima a la salida de los Biergarten de la llamada calle del Jamón. El sexo de pago es el pretexto, pero no el objetivo primordial. Al menor descuido, el dinero del turista desaparecerá de su bolsillo y la prostituta se habrá volatilizado dejando al turista sin billetes e, incluso, sin sexo. La ingesta de alcohol ha mermado casi por completo la capacidad de reacción del turista.
Cae la noche en la calle Pare Bartomeu Salvà, más conocida por la calle del Jamón o Schinkenstraße, en su variante alemana. Los Biergarten se encuentran ya en plena efervescencia. Turistas alemanes se entremezclan con algunos suizos aislados. El Mundial de Sudáfrica ha provocado que las banderas pululen con más frecuencia si cabe de lo habitual. Los cánticos y la música de los bares se oyen desde la práctica totalidad de la calle.
Un disputado comercio alternativo se mueve en torno a los turistas. Los vendedores ambulantes senegaleses tratan de dar salida a sus artículos inclasificables. Entre todos los objetos, los pequeños megáfonos se han convertido en la auténtica pesadilla del vecindario con ansia por conciliar el sueño.
Instantes después de la medianoche, las primeras prostitutas hacen acto de presencia en la parte superior de la calle del Jamón. Los turistas alemanes aún se resisten a abandonar las enormes cervecerías. La esquina de Pare Bartomeu Salvà con la calle Canyes aglutina el mayor número de mujeres subsaharianas. Si algún turista solitario enfila hacia arriba la calle del Jamón, una de ellas no tardará en seguirlo. Las rampas de los garajes son el escenario de los fugaces encuentros sexuales. Los vecinos de estos inmuebles no ocultan su hastío ante esta situación. La última medida adoptada por las comunidades vecinales ha sido aprobar una derrama de 9.000 euros para comprar puertas metálicas. El objetivo es impedir el acceso de prostitutas y clientes al garaje.
La aparición de un coche patrulla de la Policía Local provoca que los vendedores ambulantes intenten ocultar su mercancía. Las rampas de los garajes también son el escondrijo de las grandes bolsas repletas de mercancía china. Es la única posibilidad de que no se las requisen.
José Luis Martínez es el presidente de la comunidad de vecinos del número 13 de la calle del Jamón. Los carteles de ´se vende´ están colgados en tres idiomas en el portal. Tres de los diez pisos de la finca están a la venta. "Los ruidos, los robos y la prostitución callejera han hecho que sea imposible descansar en esta calle", apunta Martínez.
"Hace años era uno de los mejores sitios de Palma", evoca. Ahora la situación es bien distinta. "El verano es horroroso. Aunque la junta de la comunidad de vecinos aprobó el pago de las puertas de los garajes, me niego a pagar 200 euros por culpa de esta gente", afirma.
En torno a la una de la madrugada, una hilera de turistas sube la calle del Jamón. Las prostitutas subsaharianas aprovechan el momento para abordar al turista. Muchas de ellas empiezan a toquetear a un cliente potencial. Al ver que manosean su cartera, un turista alemán se revuelve en mitad de la calle y exclama "Scheiße! (mierda)" a voz en grito. La prostituta desiste de inmediato en su empeño.
"Esto va a arruinar el turismo. No son prostitutas, están aquí para robar carteras. Un poco más arriba les quitan todo", sentencia el dueño de un conocido local de la zona a pie de calle. La esquina con la calle Canyes ya está repleta de mujeres subsaharianas. "He pagado de mi bolsillo la verja para que no se oculten en el descampado", tal como asegura el empresario escarmentado.

Megáfono atronador

Mientras tanto, algunas mujeres acaban de convencer a un cliente potencial para mantener una relación sexual en uno de los garajes, rampa abajo. La combinación de robos y sexo callejero acaba por exasperar a los vecinos. En torno a la una de la madrugada, otro pequeño megáfono atruena en la calle del Jamón. "Me he cansado de presentar denuncias a la Patrulla Verde de la Policía Local para que haga mediciones de ruido. Las toman a mediodía y muchos locales bajan la música", insiste Martínez. "He presentado una solicitud para que el control lo efectúe el técnico municipal de mediciones", señala.
Urbano García es otro vecino indignado que reside en el número 12 de la calle del Jamón. La entrada a su domicilio es un punto neurálgico del comercio subterráneo. Vendedores ambulantes y prostitutas se concentran en su puerta. "He cogido la manguera y les he regado para que me dejen salir. Mis hijos de siete y ocho años no tienen por qué ver a las prostitutas con los clientes", se lamenta.

Pisos ´patera´

En este inmueble de la calle del Jamón se concentra una importante cantidad de pisos patera. "Alquilan habitaciones por horas. Muchos vendedores esconden aquí la mercancía antes de sacarla a la calle", protesta el vecino.
A medida que avanza la noche, el trasiego de turistas en busca del hotel es mucho mayor. También aumenta proporcionalmente el número de prostitutas subsaharianas en persecución del cliente. Las denuncias de robos de algunas de estas mujeres se suceden cada año en este punto de la Playa de Palma. El avanzado estado de ebriedad que presentan muchos turistas al ser desvalijados complica sobremanera la posterior identificación de quién es la prostituta que le ha sustraído la cartera.
Una de las prostitutas intenta convencer a un turista para que le acompañe hacia el lugar habitual de los escarceos sexuales: la rampa del garaje. En cambio, el turista pretende que la prostituta le acompañe hasta su habitación del hotel. No tiene en cuenta la norma del establecimiento hotelero de la calle del Jamón. La intentona dura unos minutos. No se admite la prostituta en el recinto.
Otro temor es que la imagen degradada de la calle del Jamón acarree graves consecuencias económicas en el futuro de la Playa de Palma. Muchos temen que los turistas acaben por espantarse. "Vivimos del turismo. Si la calle sigue así, se va a acabar y nadie volverá", augura José Luis Martínez.

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