25 de octubre de 2009
25.10.2009
Crónica de antaño

Del convento de los Capuchinos a la plaza del Comtat del Rosselló

24.10.2009 | 22:00
Aspecto que presentaba la plaza durante su remodelación.
Se acaba de inaugurar la remodelación de la plaza del Comtat del Rosselló. Este amplio espacio que flanquea uno de los lados del mercado del Olivar ocupa el solar de lo que un día fue el huerto del convento de los Capuchinos. Gracias a uno de los grabados que ilustra el libro "La Ciudad de Palma" del archiduque Luis Salvador, conocemos el aspecto que tenía ese huerto: un parral, una chumbera, árboles frutales, una noria de agua (lo que en mallorquín llamamos una sínia), un gallinero... son algunos de los elementos que se representan.
La historia de esta zona de la ciudad tuvo como característica el estar situada junto a la muralla, muy cerca de dónde estaba la puerta nueva de Santa Margalida, situada entre las actuales plaza d´Espanya y plaza de la Porta Pintada. Seguramente, el ser zona limítrofe favoreció que se instalase allí el burdel de la ciudad. Los documentos medievales ya testimonian que el oficio más antiguo del mundo se ejercía por la zona comprendida entre las puertas de Santa Margalida y de Sant Antoni.
Cuando los frailes menores capuchinos fundaron un convento en Palma, lo hicieron en un lugar extramuros conocido en aquel entonces como el huerto de Ses Murteres, o también como "Es Camp Pelat", terrenos que habían pertenecido al canónigo Antoni Garau –autor del famoso grabado en el que se representa un plano de la ciudad datado el 1644–. Estos huertos estaban situados muy cerca de la puerta de Jesús, lo que provocó que en 1771, estando España en guerra contra Inglaterra y Rusia, y temiendo el rey Carlos III que Mallorca fuese invadida por las potencias enemigas, ordenó poner a punto la defensa de Palma. Enseguida se revisó la fortificación y se vio que la situación del convento de los capuchinos, entre otros, era perjudicial para la defensa de la plaza, por lo que se ordenó su derribo. Empezó así un periplo para los frailes menores que tuvieron que ir desplazándose a sitios como el convento jesuita de Pollença, la Casa del Temple de Palma, o al convento de Sta. Catalina dels Pobres, al lado del Hospital General.
Finalmente, el mismo rey Carlos III dio órdenes para que se encontrase un solar para construir un nuevo convento. Siguiendo sus instrucciones el Ayuntamiento de Palma –que siempre dio su apoyo incondicional a los capuchinos– nombró una comisión para encontrar un lugar apropiado para tal efecto. Después de estudiar el tema, dicha comisión propuso unos terrenos que se encontraban cerca de la puerta de Sta. Margalida, que como se ha dicho era una zona tradicional del burdel palmesano. Algunos de estos solares eran de propiedad particular y otros del propio Ayuntamiento. Con la venta del antiguo convento y con la ayuda institucional, se consiguió dinero para la compra de dichos solares. En 1775 se comenzó la nueva obra a partir del proyecto de un fraile capuchino insigne: fray Miquel de Petra –sobrino del también franciscano fray Junípero Serra, uno de los hijos más universales que ha dado la isla de Mallorca– el cual se convirtió en el gran impulsor de la nueva fábrica. En 1791 se consagró el nuevo templo, que según las crónicas fue la primera iglesia que se construyó sin retablos de madera. En la fachada, todavía hoy se puede leer una lápida en latín que hace referencia a la inauguración del edificio. La iglesia es un elemento arquitectónico destacado de la ciudad. También sobresalía la magnífica biblioteca que precisamente fray Miquel de Petra impulsó y que fue aumentando gracias a personajes destacados de la historia cultural de Mallorca, como pueden ser fray Gaietà de Mallorca o fray Lluís de Vilafranca, pertenecientes al grupo de ilustrados que finalmente impulsarían la Sociedad Económica Mallorquina de Amigos del País, que tanto bien hizo por la Isla.
Parecía que al fin la tranquilidad se asentaba definitivamente en la vida del convento, aunque en realidad esa paz duraría poco más de treinta años. En 1820 empezaron las primeras desamortizaciones y finalmente en 1835, la de Mendizábal provocó la expulsión de los capuchinos y la expropiación del convento, con lo que sus dependencias, a excepción de la Iglesia y del huerto, se convirtieron en cárcel pública. De esta forma el solar de la antigua cárcel, pegada al Ayuntamiento, se convertiría en la sede de la Diputación Provincial (actual Consell de Mallorca), tal como sucede hoy en día. La nueva fachada que se hizo en el nuevo edificio de la Diputación fue pagada gracias a la venta del huerto de los capuchinos, que como se ha dicho abarcaba la actual plaza Comtat del Rosselló y un poco más.
En 1906, los capuchinos regresaron a Mallorca y se instalaron en su iglesia y en unas dependencias adjuntas, pero el resto del convento ya no se les fue devuelto. En 1948, el Ayuntamiento de Palma inició una remodelación importante en la zona, teniendo el mercado del Olivar como protagonista. De esta manera en el lugar del antiguo huerto capuchino quedaba una explanada. Allí en 1969, ahora ya como plaza Comtat del Rosselló, se hizo una plaza ajardinada, convirtiéndose en la primera de Palma con aparcamiento de vehículos subterráneo.

*Cronista oficial de Palma.

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