03 de octubre de 2009
03.10.2009
Palma a Palma

El museo geológico de Bellver

02.10.2009 | 23:26
Fósiles marinos en las piedras de Bellver.
El bosque de Bellver es uno de los grandes activos de la ciudad. Saliendo del castillo, se extiende el antiguo camino de tierra hacia Génova. Lo que vendría a ser una especie de carrer major de la zona verde. Es un sendero despejado, entre pinos. Con suelo pedregoso. Y en los laterales, se han colocado diferentes piedras a modo de decoración. Cualquier paseante puede comprobar que muchos de estos pedruscos son en realidad valiosos testimonios geológicos. Están formados por aglomeraciones de caracolas y moluscos que, con el paso de los milenios, han terminado por fosilizarse.
Y es que Bellver, además de un lugar de interés paisajístico e histórico, tiene una curiosa trayectoria geológica. La montaña está formada por aglomeraciones de sedimentos marinos de finales de la era Terciaria, entre el Mioceno y el Plioceno. Así me lo explica Andreu Muntaner, que conoce los secretos geológicos de Mallorca. Estos caracoles de piedra nos hablan de un tiempo en que parte de este terreno formaba parte del fondo marino o de las playas de guijarro que rodeaban la costa. En alguna de las canteras que existen en la zona son fáciles de ver las diferentes capas de sedimentos. Una riqueza geológica que ya advirtió Jovellanos en sus paseos de prisionero por la zona. En la parte del torrente, algunas formaciones geológicas se deshacen por el paso del agua, y los fósiles aparecen separados. Como dispuestos para un museo invisible, que nadie conoce.
Porque resulta curioso que tanta y tanta gente que por allí transita, corriendo o paseando al perro, ignore por completo esta singularidad geológica de la montaña. Quizás porque estamos tan acostumbrados a considerar los elementos de la naturaleza de forma abstracta (´una piedra´ es sólo una piedra) que nos cuesta incluso ver lo más evidente.
Cada vez que paseo por esa calle mayor del bosque, con sus viejas roderas, sus rincones y las aglomeraciones de fósiles, me parece tener el privilegio de contemplar una exposición sólo para mí. Por la que todo el mundo pasa. Pero de la que nadie es consciente.
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