02 de agosto de 2009
02.08.2009
Diario de Mallorca
Crónica de Antaño

El desafío de Salvador Sureda y Francesc de Vallseca

02.08.2009 | 00:12
Los torneos se hacían en el Born.

Las justas o torneos fueron muy famosos en toda Europa, sobre todo durante los siglos XV y XVI. Han llegado hasta nuestros días bellas miniaturas en las que se representan torneos entre caballeros. Una de estas pinturas la podemos contemplar en un manuscrito del siglo XV de The Pierpont Morgan Library de Nueva York. Allí se representa al caballero valenciano Felip Boyl y al inglés John Astley enfrentándose en presencia de Enrique VI de Inglaterra. Otro manuscrito, éste quizás de los más espectaculares que se conservan, es el Livre des Tournois of King René, en el que uno puede observar con detalle cómo se desarrollaban estos encuentros caballerescos.
Palma no era una excepción. Durante varios siglos los jóvenes caballeros de la ciudad organizaron torneos. Éstos tenían lugar en un sitio que recibía el nombre de Born (de bornar). En la actualidad se conserva el paseo del Born, donde se realizaron torneos a partir del siglo XVII —desde el momento en que el antiguo cauce de la Riera se rellenó de tierra, creándose una gran explanada—, pero antes el lugar en el que se desarrollaban estos actos caballerescos era el Born de Santa Clara, situado cerca del monasterio con el mismo nombre, en el barrio de la Calatrava.
Los torneos, aparte de ser una distracción, constituían un entrenamiento en las artes de la batalla. En el siglo XVI el lugarteniente y capitán general Joan de Urries, expuso, a través de una interesante carta, al Gran i General Consell que se debían organizar torneos para "que los homens jovens se experimenten y exercesquen en les armes". Seguía exponiendo Urries que así los jóvenes ocupaban su tiempo en cosas buenas y útiles, y además mejoraba la defensa del Reino. Ahora bien, ejercitarse con las armas conllevaba un importante gasto económico, aunque también –recordaba el Capitán General— "de quant gran utilitat reporta aquesta Universitat de aquestes festes de justes per los particulars de aquella quant se aprofiten; primerament los pagesos venen a molt bon preu los cavalls, y axí mateix al temps de la festa venen millor y a major preu la volateria y altres vitualles, los botiguers trestegen les sedes y robes, guanya lo segal, guanyen los sastres, los giponers y calsaters, guanyen sabaters, fusters, ferrers, armussers y altres artessans. Y finalment al dia de la festa tot el poble, axí de la Ciutat com de la Part Forana, venen al spectacle, y folguen y se alegren de la vista".
Finalmente, Urries pedía a los consellers que financiasen alguno de estos torneos, a lo que le respondieron que lo organizarían el día de Sant Jordi, dejando claro que sólo en el Born se podían celebrar las justas. A través de esta carta uno se puede hacer a la idea de que los torneos eran una gran fiesta de la que participaba todo el pueblo. Ello llevó a que se convirtiese cada vez más en una exhibición espectáculo que desembocaría, ya en los siglos XVII y XVIII, en lo que fue la fiesta barroca. Ya en 1539, se publicó en Palma un bando firmado por Felip de Cervelló, capitán general, en el cual se prohibía "a qualsevol cavaller aventurer de aquella, que no gosen ni pressumescan ningun de aquells traure ni aportar en la dita justa algunes robes de velluts, ne altres sedes, sino de drap comú de la terra, de la color que volran, ni axí poch puguen aportar mes avant de sis mossos o patges vestits del dit drap", para evitar lo que hoy denominaríamos un show.
Si preguntásemos al Ángel Custodio del Palacio de la Almudaina, testigo multisecular de los hechos acaecidos en nuestra ciudad, cuál ha sido el torneo que ha pasado con más fama a la posteridad, seguramente diría que fue el enfrentamiento que mantuvieron Salvador Sureda y Francesc Vallseca durante los años 1442 y 1444. Vallseca era caballero catalán famoso por su valentía en los torneos. Al hallarse en Mallorca participó de unas justas organizadas en Palma. Corrió con él Salvador Sureda y Zafont, caballero mallorquín. Durante la justa tuvieron un altercado, seguramente alguna que otra palabra gruesa. Vallseca retó a Sureda que correría todas las puntas que él quisiese. Sureda respondió al reto, pero el caballero catalán, al llevar el yelmo puesto, no le oyó la respuesta. Al volver a Barcelona llegó a oídos de Vallseca lo que le había respondido el mallorquín. No tardó en enviarle un emisario a Mallorca para entregarle una carta en la que le retaba donde él quisiese. Sureda le respondió aceptando el reto. Ambos escribieron al rey Alfonso el Magnánimo, que vivía en Nápoles, para que señalase el campo de batalla. Así lo hizo el Rey. Señaló Nápoles como lugar de encuentro y fijó el 15 de diciembre de 1443 para efectuarse la justa. El Rey hizo explanar la plaza y hacer en ella seis lizas junto a las tiendas de los caballeros con sus respectivos estandartes. El enfrentamiento se prorrogó al 5 de enero de 1444.
En el campo estaba el rey Alfonso y su hijo Fernando, acompañados de una multitud de más de 22.000 personas. Salvador Sureda entró en la plaza con todas sus armas y rodeado de otros caballeros, miembros de la flor y nata de la nobleza mallorquina: Gilabert Lloscos, Jordi Santjohan, Llorenç Marí, Arnau Moix, Nicolau Vivot, Bernat Pax, Joan Dameto, Pere Zaforteza... Francesc de Vallseca también apareció en la plaza muy bizarro. Sonaron las trompetas y se colocaron lanza en ristre en la carrera. Pero a la hora de arrancar al galope, el uno contra el otro, un grupo de caballeros se abalanzó sobre ellos para paralizar el combate. Les llamó el príncipe Fernando y les dijo que ya habían demostrado su coraje, pero que su padre, el Rey, no quería que se matasen dos grandes caballeros. Así acabó este sonado enfrentamiento. Los estandartes de Salvador Sureda se conservaron en la Seu hasta finales del siglo XIX. Lo que sí podemos contemplar aún en el templo es su piedra armera, muy cerca del muro cerámico de Miquel Barceló.

*Cronista oficial de Palma.

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