04 de junio de 2009
04.06.2009
Memoria Histórica. Un obelisco octogonal de estética masónica dedicado "a la memoria de las cosas"

Un monumento franquista proyectado por un funcionario represaliado por los militares golpistas

04.06.2009 | 01:02
La fuente y obelisco proyectado por Enric Juncosa, con la pintada de hace dos semanas.

Un monumento franquista proyectado por un funcionario represaliado por los militares golpistas

No hay duda. La fuente ornamental coronada por un obelisco situada en la plaza Porta de Santa Catalina fue encargada por un ayuntamiento franquista en 1941 para honrar la memoria no sólo de los titulares de la plaza –los denominados Jinetes de Alcalá–, sino "a todos los que tan heróicamente lucharon y consiguieron salvar esta isla del dominio rojo", tal como se señala en el informe técnico encargado por el actual equipo de gobierno de Cort, con el fin de dilucidar si se debe o no suprimir el monumento aprovechando la reforma que se está ejecutando en estos momentos.
Pero el informe, que no es concluyente en el sentido de si se debe o no eliminar el monumento de la plaza en aplicación de la Ley de Memoria Histórica, también pone de manifiesto que fue proyectado por un arquitecto municipal represaliado por los militares golpistas.
Se trata de Enrique Juncosa Iglesias (Palma 1902-1975), nombrado arquitecto municipal en 1931 y que ejerció el cargo hasta que fue apartado del mismo en 1937 "en virtud de los Decretos de Autoridad Militar y Gobierno de Burgos". No obstante, en 1941 figura nuevamente como arquitecto municipal, cargo que deja definitivamente dos años después, en 1943. Juncosa era hermano de Pilar Juncosa, la mujer del pintor Joan Miró y, como arquitecto, también fue el autor de la casa de Son Abrines (1954) anexa ahora a la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca.
Lo cierto es que en el interín (en 1941), Juncosa proyectó, por encargo del entonces Consistorio, el monumento de la plaza como parte integrante del proyecto de urbanización de la plaza, "con el fin de que desaparezca el estado salvaje en que se encuentra". El arquitecto pavimenta las vías circundantes y traza "un sencillo jardín", que incluye la siembra de los pinos actuales, según se lee en la memoria que acompaña el acta de la Comisión de Obras y Reforma Interior.
En el centro "y en memoria de los titulares de la plaza" –en ningún momento nombra a los militares golpistas que le daban nombre– se proyecta "un sencillo obelisco rodeado de un pequeño estanque con el fin de que, además de su aspecto decorativo, tenga el fin práctico de proveer de agua a los vecinos de aquella barriada". Disponer de una fuente de agua en la plaza era una antigua reivindicación vecinal del Puig de Sant Pere, que se remontaba a finales del siglo XIX, ya que cuando se construyó el cuartel en el interior del Baluard los vecinos dejaron de tener libre acceso a su aljibe interior, provocando este hecho constantes conflictos.
Otra cuestión curiosa que rodea la génesis de este monumento, que nunca ha sido cuestionado por los vecinos del Puig de Sant Pere, es su estética claramente masónica. Según el estudio técnico municipal, "su referente estético son las fuentes decimonónicas de Palma, especialmente la Fuente de las Tortugas". El estudio señala asimismo que "el obelisco es un elemento rechazado por la estética franquista que lo relacionaba con la masonería". Pero hay más, el arquitecto no sólo consiguió "colar" la cuestión ornamental, sino que adornó el monumento con un escudo de Palma –que aún se puede ver– y una placa, desaparecida hace años, que rezaba así: "A la memoria de las cosas".
Juncosa se tituló por la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona. Al principio de su carrera profesional estuvo vinculado con Guillem Forteza. Entre sus obras destacan la Casa Ques (1932), la casa para Gabriel Esteva (Arxiduc, 31, 1934), la clínica Mare Nostrum (1936), el edificio de la Transmediterránea (1936), el edificio del cine Actualidades (1940), la casa para Gabriel Tarongí (Jardí Botànic 6, 1841) y el cine Capitol (1945). También ejecutó la reforma del Gran Hotel, del que conservó todos sus elementos modernistas, una corriente artística especialmente denostada por el régimen.
El arquitecto autor del proyecto de reforma actual, Frederic Climent, se pregunta hasta dónde hay que llegar en aplicación de la Ley de la Memoria "¿También hay que quitar los pinos por franquistas?"
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