Llegó caminando a la céntrica plaza Mare de Déu de la Salut desde la calle Vilanova y entró en el portal de un edificio de estilo contemporáneo, con la fachada totalmente acristalada, acompañado por un allegado. Desde el mediodía hasta casi las 14,30 horas permaneció en la cuarta planta del inmueble, en el despacho de su abogado, Bartomeu Vidal.

Después de casi dos horas y media perfilando su defensa, Javier Rodrigo de Santos no se fue tranquilamente caminando, sino que un taxi le esperaba en la puerta y se introdujo en él precipitadamente y tapándose con la mano y un cuaderno.