Los palmesanos tenemos la inmensa suerte de asistir a un espectáculo fantasmagórico. Irrepetible. La resurrección del viejo puente de la Porta des Camp o Porta des Capellans.

Como siempre, la intendencia de las obras está hecha para no dar facilidades al ciudadano. El que desee contemplar la antigua silueta saliendo entre escombros, llena de rebajes y añadidos, debe jugarse la vida en unas rejas sin paso de peatones. Una vez más, te preguntas: ¿Por qué se dificultan siempre las vistas de obras con aspectos patrimoniales?

Pero, en fin, ese no es el tema. Lo que deseamos poner hoy de relieve se basa en un detalle. Uno de los elementos que llaman la atención de ese puente recuperado son los orificios que le servían de aliviaderos. Están bien conservados y nos recuerdan los tiempos en que por ahí salían las aguas procedentes de la lluvia.

Naturalmente que no podemos contemplarlos todavía. Pero sí podemos hacerlo en el otro puente histórico que nos queda, aunque modificado. El puente de la Porta de Santa Catalina. Allí, unos hermosos aliviaderos con canal servían para ese desagüe. Con el añadido de que, en la actualidad, ya no son útiles. Los sucesivos asfaltados han subido el nivel de la calle. El antiguo empedrado está debajo de ese añadido. De forma que el sumidero es decorativo. De museo.

Eso nos permite admirar la belleza de estas construcciones de piedra. Con bolas de piedra que marcan los pilones, los márgenes, y los canales del aliviadero. Imaginamos las torrentades de antaño, cuando desde aquí caería un recio chorro de agua sobre la Riera. Y esta, a su vez, desembocaba en el mar entre cascadas y piedras salvajes.

Estos elementos de piedra, en los que nunca nos fijamos, sirven para evaluar la diferencia en la cultura manufacturera de otros tiempos. Entonces, el coste de las horas no era un elemento significante. Se aprecia en la perfección del cincelado, en una forma de dejar la piedra siempre bien acabada. Hoy, cuando el tiempo vale casi tanto o más que la materia prima, hay otra filosofía. Aunque simples aliviaderos, son casi arte.