días de palma
La única sombrerería de la isla sobrevive
La quinta generación cogerá el relevo de la gestión de esta tienda, la única de este tipo que existe en Mallorca
silvia velert
La única sombrerería que existe en Mallorca, ubicada en la calle Sindicat 23, logrará sobrevivir a una quinta generación. Nació en 1903 y ha logrado evolucionar sin desaparecer "al dar más valor a lo sentimental sobre lo material", según explica la actual propietaria, Antònia Vicens.
Todavía mantiene su forma tradicional en el escaparate. Vitrinas de madera en las que se ordenan los sombreros, las gorras y bastones de madera. "En Mallorca no queda ningún establecimiento de este tipo y los clientes me piden que continuemos", asegura Vicens.
Desde que lo fundara Francisco Julià Perelló, que fue presidente de la Diputación, este negocio ha mantenido su estructura y su forma de atención directa al cliente. De esta manera se ha mantenido con cuatro generaciones: de Francisco Julià pasó a Jaume Estela, el suegro de Vicens; después a su marido. Cuando éste falleció hace diecisiete años ella cogió las riendas. "Tengo sesenta años, pronto me jubilaré y mi hija Silvia continuará", mantiene Vicens.
En el interior de la sombrerería pende un recuerdo de la exposición celebrada en diciembre de 1903 como un documento histórico. En la última guía náutica editada este año por el ayuntamiento de Palma aparece como uno de los comercios más emblemáticos de Ciutat por su antigüedad junto a un listado de otros treinta y seis. En sus inicios el taller de sombreros y gorras se encontraba en la tienda, pero hace cerca de ochenta años desapareció al no poder competir en precios. En la actualidad los adquieren en Francia, Italia y la península.
La moda de los sombreros va en aumento desde hace quince años. "Es un producto de primera necesidad para que no dé el sol en la cabeza. Además cada vez tengo más clientes jóvenes", manifiesta. El mundo de los sombreros y las gorras es muy amplio y variado, entre los que se encuentran, el clásico, el mallorquín, el tirolés, el panamá (confeccionado en Ecuador), de paja, marinero, de nieve y escocés.
Muchos clientes se dejan llevar por las modas y sus referencias cinematográficas. "Algunos me dicen que quieren el sombrero de Humphrey Bogart, el de las películas de gángsters o el de sus ídolos", señala Vicens. Ante la tendencia de los jóvenes a afeitarse la cabellera con la primera caída del cabello la tienda Casa Julià ha logrado mantener e incluso aumentar sus ventas. "Estoy detrás del mostrador cuarenta años y he visto esta evolución", resalta.
A Vicens le queda poco para cumplir los sesenta años, por lo que pronto dejará el negocio en manos de su hija, Silvia Estela. En opinión de esta veterana comerciante, hay pocos profesionales en el pequeño comercio, ya que existe demasiada rotación. "En el centro de Palma vivimos básicamente del pequeño comercio aunque no hemos sabido conservar los más antiguos. Han desaparecido algunos emblemáticos como la casa Puigcercós y Puntilla en la calle Sindicat", afirma Vicens, que se ha dedicado a formar a su hija para que siga con la tradición.
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