Caminar por la calle de la Concepció es adentrarse en la historia de Palma, aunque algunos no lo capten. Si se inicia la visita a esta antigua vía desde Jaume III, subiendo por la escalera de la calle del Aigua, se llega a la antigua Font del Sepulcre. Se trata de un vestigio de la presencia árabe en la ciudad, y que antes de la llegada de las huestes de Jaume I servía para que los fieles de una mezquita cercana pudieran realizar sus abluciones.

Frente a la Font del Sepulcre se encuentra la sede del centro cultural de Sa Nostra, que ocupa un antiguo caserón rehabilitado. En este conjunto dedicado a la cultura y el arte se ha recuperado un jardín con recuerdos romanos y árabes. Desde que fue inaugurada hace unos quince años, esta sede cultural ha imprimido una impronta artística a la calle. Actualmente cuenta con una serie de galerías de arte y varias tiendas de fabricación de marcos.

Residentes de edad de esta calle la recuerdan cuando parte de ella hacía frontera con una serie campos y cuadras junto a lo que se conocía como s´Hort d´en Moranta, desaparecido por la reforma del arquitecto Alomar, que afectó a la fachada y perímetro de algunas casas y del propio convento de la Concepció. De este cenobio solo queda el ala que da a esta calle, que en su origen fue Can Zaforteza. También se mantiene la iglesia, construida entre 1614 y 1685.

Carmen Carmen Fernández lleva más de cincuenta años en esta calle, pues rige la alpargatería La Concepción, situada junto a una entrada lateral del Hospital General. Esta mujer recuerda cuando en el solar que ocupa un edificio de bastantes alturas se encontraba situado Can Quico, un celler reconvertido en bar para los primeros turistas que llegaban a la isla, allá por los años sesenta del pasado siglo. También recuerda con nostalgia cuando en la vecina calle Bonaire dominaban los solares.

Para muchos gastrónomos, la calle Concepció sigue siendo una meta para sus respectivos paladares. El restaurante más veterano de esta calle es el que abrió hace más de cincuenta años el pelotari Rocha, que con su mujer Montserrat, también jugadora profesional de frontón, lo abrió en lo que fue una antigua cuadra, poniendo el nombre de bodega Santurce. Su interior mantiene su empedrado original y ese sabor a taberna vasca, aunque desde hace muchos años ya no hay pelotaris en activo que llenen las mesas como en los tiempos en que en el paseo de Mallorca funcionaba un frontón. El último en llegar de los cuatro restaurantes de esta calle es el Oriente, más conocido como Can Tomeu. Ambos locales mantienen una clientela fiel.

Los alumnos del colegio de ses Trinitàries, ubicado en una antigua casa de la calle, frente a la iglesia de la Concepció, durante el curso animan esta zona.

Algunos de los bares de música que funcionaban hace unos años desaparecieron con la llegada de otras modas. En esta calle de ´señors´ aun queda Can Vidal, una de las casas más ilustres. Se rumorea que una de las casonas que quedan en esta calle será remodelada para convertirse en hotel de alta categoría.