A mediados del siglo XIX, los viajeros y payeses que desde Inca y parte de es Pla de la isla se dirigían a Palma solían hacer parada y fonda, e incluso noche, antes de llegar a su destino, en un lugar situado entre campos conocido como Els Hostalets. Una palabra que sin complicaciones mostraba el porqué de su origen. Un lugar que hacia 1880 se había convertido en un núcleo de unas cincuenta casas, muchas de ellas dedicadas a dar reposo a viajeros, conductores y caballerías que tiraban de diligencias y carros.

Els Hostalets nació entre lo que es hoy la carretera de Inca y la vía de tren que la comunica con la capital mallorquina. Con la industrialización de Palma y su extrarradio, aun con la muralla en medio, Els Hostalets, también conocido como d'en Canyelles, pasa de ser una zona de servicios a viajeros y agrícola, a convertirse en terreno propicio para que surjan fábricas. La más importante, y que cambia la vida del barrio, es sin duda la fábrica de ses Sedes, erigida cuando se inicia el siglo XX, coincidiendo con el derribo de la mayor parte de las murallas de Palma, dando paso al Ensanche.

Parte de los terrenos en los que actualmente se asienta Els Hostalets, uno de los primeros barrios de la ciudad con gran raigambre obrera durante buena parte del siglo XX, fueron de la finca Son Fortesa. La parroquia de esta popular barriada ciudadana tiene dedicado su templo al sagrado Corazón de Jesús, aunque su origen fue un oratorio dedicado a la Asunción de María, bendecido en 1882, según cuentan las crónicas.

Los vecinos más ancianos de Els Hostalets recuerdan que, a raíz de que tocara la lotería, en 1902, a Can Maneu, que también alcanzó a muchos de sus obreros, hizo que el barrio se urbanizara con pequeñas casas, especialmente de una planta y huerto. De aquellas construcciones, a las que se fueron sumando algunas torres de dos plantas y de cierta categoría, la mayoría han desaparecido, alzándose en su lugar bloques de pisos.

Como otras barriadas del ensanche, Els Hostalets perdió su identidad primitiva, como muchos de sus antiguos vecinos. También este barrio sabe de emigraciones e inmigraciones, siendo algunas de sus calles un friso amplio de razas y creencias.

La calle Aragó, de donde parte aún la carreta con dirección a Inca, dividió en dos el barrio de Els Hostalets, llevándose buena parte de sus primitivas casas, tradiciones e historia. Quizá lo que aún queda de la antigua barriada, en donde no faltaron los campos de fútbol, allá por los años 30 del siglo pasado, son unas calles tan paralelas como estrechas.