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Inmigración

Ropa limpia en Ceuta

Migrantes en un espigón de Ceuta el 21 de agosto.

Migrantes en un espigón de Ceuta el 21 de agosto. / Marcos Moreno - Europa Press

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María Dolores Vázquez Rovira

Palma

De mis morriñas gallegas, haylas, la de la ropa blanca extendida en campo verde a secar al sol da espacio por un tiempo a los años que viví en Galicia. Las mareas. La llovizna. Y las vacas cuya leche se portaba en cántaros sobre la cabeza de «mulleres» felices.

Ya estaba la ropa limpia, blanca o de color. Me gusta esa imagen aunque en algunas ciudades esté ahora prohibido.

Alegres son los balcones de la calle San Magín de Palma, en contraste con la ropa que acompaña en zonas de que conviven bajo puentes de la autopista. Imágenes de desamparo y pobreza a la vista.

Tiendo la ropa de casa en un balcón al escondite de miradas ajenas por el buen trazado de los barrotes en vertical y horizontal que las tapa.

Hay gustos para todo u órdenes de convivencia.

Bueno. Vale como se dice ahora.

Pero, ¿y la ropa a secar descolorida en las playas de la ciudad de Ceuta? Los inmigrantes llegaron. Algunos se fueron de vuelta a sus casas en Marruecos pero muchos no.

En su supervivencia obligada de tomar pan, beber agua, asearse, ¿será posible un abrazo de amistad y convivencia para que esa ropa quede tan blanca como un sueño infantil que en ese color tan puro hasta la vida puede acariciar?

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