Turismo
Vivimos del turismo

Turistas en el aeropuerto
Daniel Perelló Matheu
Según la última estimación de IMPACTUR, el turismo generó directa e indirectamente el 41,3 % del PIB balear y el 41,6 % del empleo en 2019. Son cifras más que significativas.
Sin embargo, en estas páginas se ha sostenido, con relación al aumento del precio de la vivienda, que «es culpabilitza del turisme al que, objectivament, aquest no en té massa culpa» y que «una de les grans palanques de l’augment dels preus de la vivenda no ha estat el turisme», al tiempo que se afirma que «el que ha eliminat milers de places de lloguer clàssic a Mallorca ha estat l’aparició del fenomen Airbnb».
Que los hoteles no alojen a todos los visitantes solo demuestra que la planta hotelera no absorbe por sí sola todo el flujo turístico, no que el alojamiento vacacional sea ajeno al turismo. El turismo genera actividad y empleo, atrae trabajadores que necesitan alojarse y contribuye a formar nuevos hogares.
Entre 2015 y 2025, la población residente de las Illes Balears aumentó en casi 139.000 personas, un 12,5 %. Este crecimiento no puede atribuirse íntegramente al turismo, aunque tampoco puede analizarse al margen de una economía que necesita incorporar trabajadores para sostener su expansión. No todo nuevo residente viene por el turismo ni todo empleo es turístico. Sin embargo, resulta difícil sostener que una actividad que, según esa estimación, representaba alrededor de cuatro de cada diez empleos permanece ajena a la demanda residencial que contribuye a generar. Cuando esa demanda aumenta y la oferta responde lentamente, crece la presión sobre los precios.
Entre 2015 y 2024, la ganancia media anual por trabajador aumentó un 35,9 % en términos nominales y aproximadamente un 9,7% después de descontar la inflación. En ese mismo periodo, el Índice de Precios de Vivienda aumentó un 74,2%; en 2025 acumulaba ya un 95,1% respecto de 2015. Son indicadores diferentes, pero muestran que la vivienda se encareció mucho más deprisa que los salarios.
En cuanto a la masificación, no consiste únicamente en contar turistas. Se manifiesta cuando la concentración de personas tensiona, además de la vivienda, las carreteras, el agua y los servicios públicos. Al mismo tiempo, el propio artículo sostiene, a propósito de la revolución digital, que las islas mediterráneas «estan al límit de la seva capacitat», aunque cabe pensar que hace tiempo que convivimos, o malvivimos, con ese límite.
Vivimos del turismo. Sí. Pero vivir de una actividad no obliga a permitir que crezca indefinidamente.
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