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Riesgo forestal

El castillo de Bellver en llamas

Imagen del Castillo de Bellver con el bosque que lo rodea

Imagen del Castillo de Bellver con el bosque que lo rodea / .

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Fernando López López

Le escribo con una mezcla de tristeza e indignación. La noticia publicada la semana pasada sobre la tala de los árboles dañados en el bosque del castillo de Bellver me dejó helado. Se abandonó toda esa madera en el monte, como si nuestro bosque fuera un vertedero y con las temperaturas salvajes. ¿Cómo es posible que se actúe así en uno de los pulmones verdes más emblemáticos de Palma?

Hace años que la Tramuntana acumula material inflamable sin que nadie lo retire. Lo mismo ocurre en los pocos bosques que nos quedan en el interior y en el Llevant. Al menos no se ha limpiado los destrozos, que he comprobado, en bosques de la isla. No se limpian y cuando vuelvan los próximos, tampoco se hará. Si esto no es grave, los operarios que deberían cuidarlos añaden más combustible a un paisaje que solo espera su desgracia.

Se suele culpar a los políticos y repetir que «no hay dinero». Pero la ecotasa recauda una media de 136 millones de euros al año. ¿De verdad no existen recursos para prevenir lo que todos sabemos que puede ocurrir? Los hay, pero «no es prioritario» a pesar del ecológico nombre del impuesto.

No cargaré más contra los gobernantes porque ya he perdido la fe en esa vía. Cargo contra mí mismo y contra mi sociedad balear. Nuestra indiferencia con la que miramos nuestra isla debería avergonzarnos. No exigimos, no presionamos, no defendemos lo que es nuestro. Recuerden que los políticos no tienen ideología, harán siempre lo que les den más votos. Como siempre ha sido así ante la suficiente presión social.

Recuerdo el incendio de Na Burguesa, aquel cielo negro que parecía tragarse la ciudad. Y ahora temo un fuego gigantesco que atraviese el foso del castillo de Bellver y reduzca a cenizas a uno de nuestros símbolos más queridos.

Imagino sus muros circulares ennegrecidos, la piedra carbonizada, el bosque convertido en un manto de carbón. Imagino el silencio después del desastre. Y me pregunto: ¿Será entonces cuando nos enfademos? ¿Cuando ya no quede nada que salvar?

No esperemos a lamentarnos cuando ya sea tarde. La prevención no es un lujo: es una obligación moral. Y si no actuamos ahora, lo que perderemos no solo será aquello que es irrecuperable a medio plazo, también perderemos el derecho moral a reclamar las responsabilidades.

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  • castillo de Bellver
  • incendios forestales
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