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Urbanismo

Palma: ciudad hostil y prioridades

Detalle de una silla de ruedas

Detalle de una silla de ruedas / .

Pau Buades Feliu

Palma

El pasado 23 de abril paseaba por Palma con mi madre, de casi 99 años, en silla de ruedas, cuando en el carrer de la Rosa, junto a la Plaça Weyler, la silla quedó atrapada en un socavón y cayó. No fue mala suerte, sino la consecuencia directa del abandono del espacio público. Los accidentes ocurren, pero se reducen cuando las calles están en condiciones, y aquí no lo están.

Palma es una ciudad hostil para las personas mayores y para quienes tienen movilidad reducida, donde pavimentos y aceras en mal estado, socavones y barreras arquitectónicas convierten lo cotidiano en un riesgo constante. No hablamos de una anécdota, sino de un problema estructural que afecta a la seguridad y a la dignidad de muchos ciudadanos.

Las consecuencias fueron graves y pudieron ser peores. Por su edad y una lesión en la cabeza, mi madre tuvo que ser ingresada en observación hospitalaria. A esa situación se sumó una respuesta sanitaria difícil de aceptar, ya que la ambulancia tardó cerca de una hora en llegar pese a la gravedad del caso. Solo tras una segunda llamada al 112 acudieron un médico y un técnico sanitario que, más de veinte minutos después, pudieron realizar la primera atención.

Si los accidentes son inevitables, la desatención no lo es. Las administraciones tienen la obligación de prevenir y de responder en tiempos razonables. No basta con afirmar que se quiere una ciudad habitable, hay que demostrarlo con hechos, y hoy Palma no lo está haciendo.

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