Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Internacional

La berrea de Tarzán

Donald Trump

Donald Trump / Andrew Leyden/ZUMA Press Wire/dp / DPA

Francisco Suarez Riera

Palma

Si hay algo que lamenta EEUU, aunque sea con sordina, es el deterioro estrepitoso de aquella magnífica estampa de águila imperial, imagen representativa de su poderío en este mundo. Hoy, sobre todo gente ya mayor, se reconcome de vergüenza por la sombra repulsiva que proyecta ese pajizo espantajo de Donald Trump. Una sarcástica caricatura, tipo Walt Disney, de un zopilote zascandil eructando grosero y maloliente.

Como un tahúr, de barata novela western de bolsillo, no ceja de malgastar absurdos faroles a fin de acaparar el interés mundial, acogotando, con la prepotencia de un macarra, a cualquier débil que encuentra a su paso. Después de tan fachendosos antojos como anhelar caprichosamente el Golfo de México, avasallar un país vecino o desear cepillarse el mismísimo círculo polar, ahora «se tira» a Venezuela, así, sin más. Como lo haría su viejo amigo Jeffrey Epstein. «Drill, baby, drill». Y lo justifica, con el pijo argumento, de una «inevitable» necesidad, otra impune rutina de su blanquiñoso abolengo. Porque se da la circunstancia, que, de las siete cuencas de reserva de hidrocarburos, con las que cuenta EEUU en su país, todas ellas ya exhaustas, cuatro de las mismas están en aquella parte de territorio que arrebató a México ¿Casualidad? No, hábito familiar, negocio cosa nostra.

Lo preocupante es que, incluso en esa tan fatal alcurnia, la formalidad es un asunto «serio» y transitar desatado por el mundo presumiendo de caprichosa testosterona, puede ser una insensata provocación a la tragedia. O no, pues puede también degenerar en una trivial expiación por ridículo consentido, dejándolo en un impotente «columpiarse vacilón», con fondo acústico «a lo Tarzán». Vaya usted a saber. Pero, qué asco de mundo, ¿no?

Tracking Pixel Contents