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Pobreza a la vista de todos en el paseo marítimo de Alcúdia

Pobreza a la vista de todos en el paseo marítimo de Alcúdia

Pobreza a la vista de todos en el paseo marítimo de Alcúdia / .

Miguel Ángel Serra

Alcúdia

Desde mitades de noviembre un hombre duerme a la intemperie en un banco del paseo marítimo del Puerto de Alcúdia, a la vista de cualquiera que pase por una de las zonas más turísticas del municipio. No se trata de una situación puntual ni reciente: su presencia es constante, día y noche, incluso ahora en pleno invierno, cuando el frío y la humedad hacen especialmente duras las noches al aire libre.

El hombre sobrevive con lo poco que tiene: algunas pertenencias apiladas junto al banco, un plástico azul con el que se cubre por las noches y que apenas le protege de la intemperie y alguna que otra manta improvisada. La escena es conocida por todos los vecinos y transeúntes habituales. También por la Policía Local, cuyos vehículos pasan con frecuencia por delante sin que aparentemente nada cambie.

Alcúdia es uno de los municipios más importantes y prósperos de Mallorca en términos turísticos. Precisamente por eso, la situación resulta aún más llamativa -y vergonzosa-: una persona viviendo en condiciones indignas en pleno paseo marítimo, en un espacio cuidado y pensado para el disfrute de visitantes, incluso quizás también de los residentes…

Vecinos de la zona hemos contactado en repetidas ocasiones con el Ayuntamiento, nosotros mismos el pasado 15 de diciembre, la respuesta es que «estamos trabajando en ello». Sin embargo, semana tras semana, el hombre sigue allí. Nadie sabe con certeza si se le han ofrecido alternativas desde los servicios sociales, si las ha rechazado o si el seguimiento es meramente formal. Es cierto que nadie puede ser obligado a aceptar ayuda si no lo desea, pero también lo es que la inacción prolongada no puede presentarse como gestión.

La pobreza extrema no desaparece por ignorarla. Tampoco se soluciona desplazándola cuando resulta incómoda. Y, sin embargo, muchos vecinos tienen la sensación de que esto es exactamente lo que ocurrirá: que cuando llegue Semana Santa y comience la temporada turística, la situación se resolverá «por las buenas o por las malas», no por dignidad ni por justicia social, sino por imagen.

Mientras tanto, la realidad es la que es esa persona sigue durmiendo en la calle, en condiciones insalubres, en pleno paseo marítimo, y una administración que parece haber normalizado lo inaceptable. No es solo una cuestión de estética urbana ni de molestias para los residentes; es una cuestión de responsabilidad pública y de humanidad.

Un municipio rico no se mide solo por el número de turistas que recibe, sino por cómo trata a las personas más vulnerables que viven -o sobreviven- en él. Y hoy, en el paseo marítimo de Alcúdia, esta medida deja mucho que desear.

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