Urbanismo
Parábola del okupa

La oferta de viviendas con okupas ilegales afecta también a las de alta gama. / Guillem Bosch
M. Dolores Vázquez Rovia
Érase un «okupa» tonto - sin chalet ni piso nuevo - y pensó que ser okupa - era posible y sin riesgo.
Le dijeron que la «norma» - era un «habitat» vacío - y caminó por un bosque - ya de noche y con sigilo.
Trepó la muralla de piedra - similar a lo soñado - y se adentró en un Castillo - que no estaba vigilado.
Resultó que tenía dueño - pero no estaba presente - y se hizo vigilante - quedándose para siempre.
Ciutat quedó sin su emblema - El Castillo de Bellver - y ni el alcalde ni nadie - pudieron entrar en él.
Abogados muy letrados - se enfrentaron al okupa- y tuvieron que ceder - porque la ley hacía pupa.
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