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Niñas que juegan al fútbol

Carmen Renom López

Palma

Tengo la suerte de poder ir a trabajar a pie. Cada día, de vuelta a casa, tengo que atravesar un parque y desde hace un tiempo, siempre tengo que esquivar a un grupo de niñas y niños que están pateando un balón de fútbol y echando una «pachanga».

Cuando recojo a mi hijo del cole, me ocurre lo mismo. Niñas que juegan a fútbol y entrenan en el equipo del club, dentro de las extraescolares que ofrece el centro.

Cada día consiguen arrancarme una sonrisa. Y es que algo ha cambiado en los últimos tiempos. Nací en la década de los setenta y si jugabas a fútbol, poco menos te insultaban y te decían marimacho. Si seguías los partidos y animabas a tu equipo, te miraban un poco raro, pero bueno, por pegar tres gritos y que tu voz sume, tampoco pasaba nada.

Cuánto tenemos que agradecerles a Jenni, Aitana, Mariona y Alexia, entre otras. Tanto, que no hace falta ni ponerles apellido para saber de quiénes hablamos.

Queda mucho por hacer: cobrar como los hombres, más visibilidad, más respeto… pero el camino que han recorrido, el techo que han alcanzado y roto, lo podrán aprovechar todas las niñas que veo a diario jugando al balón con sus amigos y compañeros de cole.

Por todo ello, solo puedo darlas las gracias.

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