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Náutica

Muerte por abandono institucional

Fco. Javier Terrasa Pou

Andratx

Escribo estas líneas desde la frustración, la impotencia y una profunda tristeza compartida por muchos vecinos de Andratx y de Mallorca. El cierre del Club de Vela Puerto de Andratx (CVPA) no es solo el final de una entidad deportiva: es la muerte por abandono institucional de un proyecto social, cultural y humano construido durante décadas.

El CVPA ha sido un grave perjuicio deportivo, sí, pero también la pérdida irreparable de un espacio de convivencia, la desaparición de actividades culturales y sociales y un claro retroceso en el modelo de gestión pública del litoral. No hablamos de barcos, sino de personas; no de concesiones, sino de integración social.

Detrás del CVPA hubo nombres, esfuerzos y vocaciones que merecen memoria y respeto: fundadores visionarios como Aquiles de Vita y Juan Terrasa; avalistas, técnicos, trabajadores, gestores, entrenadores, deportistas, monitores, cocineros, conserjes. Un tejido humano que convirtió el club en una referencia nacional e internacional, con innumerables podios, con una apuesta pionera por la vela adaptada -reconocida incluso con el Premio Timón- y con historias de compromiso y generosidad que van mucho más allá del deporte.

Ese legado no murió por falta de proyecto, ni por desinterés social. Murió tras una derrota legal que fue la estocada final, sí, pero sobre todo por la inacción de las instituciones. La «callada por respuesta» ante las propuestas del CVPA, la ausencia de mediación política, la falta de presión real por parte del Govern, el Ayuntamiento o Ports IB para buscar soluciones de coexistencia -como el desdoblamiento de la concesión- refuerzan una sensación difícil de esquivar: abandono.

Resulta imposible no preguntarse por qué, en casos similares como el del Club Náutico de Palma, se ha revocado una sentencia y se ha mantenido la concesión. ¿Por qué allí sí y aquí no? ¿Es una cuestión de justicia o de conveniencia? Como dice el refrán: o todos moros o todos cristianos.

Reclamamos únicamente lo que siempre fue el alma del CVPA: su parte deportiva, social y cultural, nada más. No privilegios, no ostentación, no arrogancia. Precisamente esa arrogancia de algunos representantes actuales ha generado un malestar innecesario y ha distorsionado el verdadero sentido del club.

El cierre del CVPA se siente como una muerte traumática e injusta. En este duelo no hay despedida: no es un adiós, es un hasta siempre. Ya se ha dado la estocada; solo falta el descabello.

Como recordatorio final, resuenan dos frases que hoy cobran más sentido que nunca: «Más vale honra sin barcos que barcos sin honra» y aquella arenga de Jaume I en la conquista de Mallorca: «Vergonya, cavallers, vergonya».

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