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Turismo

La Mallorca de siempre

Silvia del Pozo Fuente

Barcelona

En Valldemossa ya no se ve a la gente de siempre comprando la famosa coca de trampó a primera hora, ni a los vecinos sentados en los bancos charlando tranquilamente mientras esperan su turno en la panadería. Hoy, las calles están llenas de turistas, los horarios de comidas se adaptan al inglés o al alemán, y hasta los desayunos en Can Joan de s’Aigo, el clásico de cualquier mallorquín, se ha encarecido tanto que muchos locales han dejado de poder disfrutarlo como antaño. Las calas secretas y auténticas, donde generaciones enteras pasaban horas al sol, ahora requieren colas de horas y horas.

No se trata de rechazar al visitante ni de caer en discursos extremos. Se trata de la tristeza de ver cómo vecinos que han vivido toda su vida en la isla evitan calles y plazas que antes eran suyas, cómo los abuelos ya no pasean por ciertos pueblos porque se sienten extraños en ellos, o cómo espacios tradicionales se transforman en escenarios pensados para el turismo, donde la autenticidad de la isla se diluye.

No hablo de prohibir, sino de regular. Encontrar el equilibrio para que vecinos y visitantes convivan sin que nadie pierda lo que es suyo. Mallorca siempre ha sido un lugar de acogida, y su grandeza reside en que podamos seguir llamando a nuestra isla, hogar.

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