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El engaño de lo virtual

Josep Ramón Femenias. Palma.

Estamos imbricados en una cantidad de información que no da tiempo de asimilarla. No hace tantos años era al revés, carecíamos de ella y además no podíamos recurrir a otras fuentes para saber lo que era verdadero o falso. 

La pandemia ha hecho posible que saliera a flote el inconformismo de una parte de la sociedad, que no estaba de acuerdo con las normas que imponían para que afectara a los menos posible. Bastantes ciudadanos no han sido capaces de admitir ni de planificar la rutina de uno mismo, ya que según ellos limitaba su libertad.

En la actualidad muchos son los que han perdido la perspectiva de que es más importante aprender con los puntos de vista de los demás, que con solo los suyos, por lo que la vida irreflexiva se ha apoderado de lo útil. Eso no permite activar el interruptor del pensamiento crítico para conseguir ser feliz.

Vivimos en una sociedad esnob de cara al exterior, por lo que es más importante tener un título universitario, a costa de lo que sea, un coche último modelo, relacionarte con políticos o lo que haga falta para demostrar una falsa fachada, en vez de intentar ser persona. No hay carga más pesada que la de vivir sin existir.

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