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Alcaraz

Esto no va sólo de tenis. Un día conoces a alguien valiente, no sin miedos, pero sin miedo de ir a por ellos. Y te conquista. Es la juventud. Sentirse joven es eso, empezar de nuevo, dejar la mochila a un lado y salir de la zona de confort a buscar lo nuevo.

Brillante. Con la inestimable ayuda de quien aún era un don nadie en el tenis, Alcaraz empezó arrasando al griego. Poco a poco y como suele suceder, las tornas fueron colocando a cada uno en su sitio. La templanza griega se fue imponiendo al ímpetu desbocado del murciano que cuajó demasiados errores no forzados. Pero se sobrepuso. Se reencajó en el partido. Remontó un 5-2 en el cuarto set ganándolo finalmente, a pesar de las molestias físicas. El quinto fue equilibrio hasta el tai-break. La película tuvo un clásico final feliz: el débil se impone al fuerte. Habrá que ver si en unos años, en caso de llegar a la cima, la presión del favorito podrá con él.

Hay mucho trabajo detrás de la victoria de Alcaraz. No sólo las horas interminables y seguro que a veces abominables de entreno, sino, y las más importantes, el trabajo mental. Una más, siempre una más, aunque estés cansado. Querer ganar “y volver a ganar”. Y saber perder para volver a empezar. Poco más.

Nuestro sistema educativo nos prepara para adquirir conocimientos y para acceder al mercado laboral. Pero apenas hay preparación mental en ello. De la constancia, responsabilidad y resiliencia se encargan, en todo caso, los padres, los entrenadores del deporte que practique nuestro hijo o el profesor de música. Ahorraríamos mucho aprendizaje por sufrimiento si desde pequeños, en casa y en la escuela, nos enseñaran mejor a escoger nuestro camino, el que se adapta a nosotros, al que nos podemos adaptar mejor. Forjar un carácter es preparar el camino para encontrar el sentido de la vida.

El partido del viernes en el US Open me recordó a alguien. “Apareció de la nada como una ráfaga de luz” y empezó a cambiar mi vida. Me vi reflejado en su fortaleza, disciplina, objetivos claros. Ver su camino me ayudó a construir el mío. Sigo colocando ladrillos. La paradójica vida es como el tenis, para ganar hay que aprender a perder

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