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¿Qué nos están contando?

Esa rancia narrativa de la Sra. Ministra de Defensa, orquestada a todo volumen por los grandes medios de comunicación, de que nuestros militares estaban en Afganistán en plan ONG, en un místico ejercicio espiritual jesuítico, es insoportable y abrumadoramente vergonzante. Ya llevamos siglos vendiendo la tontería de que invadimos un nuevo mundo con el gazmoño afán de salvar sus infieles almas. 

Y no. Ahora no viene el lobo. Ya estaba allí hace un porrón de años. Los Talibán no inventaron la burka. Tampoco el Islam. Ni siquiera el patriarcado fundamentalista. Que la mujer es una especie de animal doméstico, como una cabra, con la divina misión escriturada de nutrir la sagrada familia, es una aberración tatuada religiosamente en la mente de muchos humanos. Y precisamente éste es el caldo de cultivo por el que optó EE.UU. como método de oposición a una suicida URSS durante la guerra fría. Financiaron, entrenaron, armaron y azuzaron, bajo la denominación de freedom fighters, a estos tipos contra cualquier otro movimiento, cristiano o musulmán, fuera laico o progresista. Y ¡sorpresa! Estos tipos, de harapiento turbante en camioneta, han ganado inesperadamente la guerra contra el ejército más poderoso del mundo. Occidente ha matado sigilosamente una oveja, pero no quiere mancharse de sangre. Y como siempre, la señora ministra está en ayunas y cantando en el coro.

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