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Nos hemos cargado el listón

Dulce Fonollá Corró. Palma

De un tiempo a esta parte el cine, la televisión, las plataformas, las películas, las series y todo aquello que puede ser sometido a juicio y a jurado, se ve en la necesidad u obligación de enviar en sus proyecciones mensajes inclusivos con el pretendido pretexto de dar visibilidad y normalizar aquellos colectivos que supuestamente sufren discriminación.

Parejas homosexuales, relaciones íntimas entre personas de diferentes razas y diferente color de piel, amistades entre grupos de distinta clase social, protagonistas con diferentes discapacidades (físicas y cognitivas) y un montón de procederes más, que pretenden hacer cotidiano lo que un día estuvo marginado y hacer que se viva como normal cualquier situación por descabellada que parezca. Cuanta más inclusión, más posibilidades de acceder a premio.

Da igual que sea una comedia que un drama. Incluso da igual que esté basada en hechos reales, o en novelas de otra época, mientras incluya estos ingredientes (en otro tiempo censurados), más posibilidades tendrá la pieza de triunfar.

Uy! Casi se me olvida hacer referencia al tema de la paridad (que ahora volverá a suponer un problema, peo en la vida real), ya que habrá que incluir el «trasgénero» en las líneas de poder, pero esta carta no va de eso.

Con esta iniciativa tan innovadora, intentan instruirnos en la tolerancia y en la aceptación de la diversidad, al tiempo que nadie cae en la cuenta de que en la misma proyección en la que pretenden educarnos (manipularnos) y adentrarnos en esa dinámica (presuntamente cargada de lecciones de vida), aparecen violadores, madres que abandonan a sus hijos, maltratadores, mucha violencia, infielidades, empoderamientos mal gestionados, muchas drogas y mucho alcohol (lo de fumar en la pantalla ahora no está bien visto, mejor esnifar) y sexo, mucho sexo, un sexo muy desesperado, irreal y violento, que recuerda esos días, cuando llegas a casa, y tienes el tiempo suficiente para poner la llave en la cerradura y llegar al baño a aliviarte.

¡Qué contradictorio resulta todo!

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