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Entre la covid y la prisa

M. Dolores Vázquez Rovira. Palma

Mientras el bichito autor y causa del covid no nos regaló calma, vamos, ni calma chicha aunque miedo sí, al menos puede presumir de que las vacunas en su contra sean más que eficientes en modo y manera con organización perfecta.

A mí Pfizer 1 y 2 en el polideportivo de la Ciudad de Inca, qué cosas ese sitio si vivo frente a Son Dureta, sólo alabar, piropear y agradecer el modo y manera del personal tan organizado que me pinchó y cuidó durante un cuarto de hora.

La prisa es por otra cosa. La clase médica, cansada quizá, atiende a sus pacientes a tal velocidad que se les nota mientras noto que cosas o síntomas sobre los que quisiera preguntar para saber más pasan al olvido y la incertidumbre al llegar a casa: -Doctor ¿puedo nadar con el codo «maltrecho»?, por ejemplo.

De prisas también se trata cuando al ir al Banco o entidad correspondiente la sensación de autoservicio se apodera de los clientes en cola frente a los cajeros de dentro y de fuera. Cierran sucursales, pues no me extraña y más que cerrarán.

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