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Bucear en el Mediterráneo

Mª Dolores Vázquez Rovira. Palma.

Buceo. Bucearás. Ya buceó. Él también bucea. Fondos marinos en los mares de Alborán, Cabrera y sureste de Mallorca. Neopreno. Escafandra. Aletas. Oxígeno. Gafas. Precisión y humanidad grandes. El fondo marino regala magia, verde, extensiones de posidonia. Peces grandes o pequeños, alegres y variados, con brillo y color. Estrellas y Caballitos de Mar. Allí no. La profundidad deja a medias el flote de alguien, varios y diferentes en vida e historia pero otros «alguien» más.. Mujeres y hombres, niños casi bebés. ¿? Es que no entiendo el por qué, la mafia quizá en un saco de esperanza que fue mentira. La inmigración desde el norte de África. Pateras. Cayucos. Rescate o muerte. La dificultad del buceo es ahora gigante. Una Madre abraza a su hijo flotantes ambos en el espacio marino. Varios hombres de cara lívida, hinchada pero que mira arriba. Flota la ropa, sus ropas. Puntos sueltos y variados en espacio semihundido y empapado de personas que en sus mochilas encharcadas tuvieron antes un billete hacia la vida mejor que la de sus lugares de referencia. Falso. Y sin saber nadar. Boca a bajo. Melenas enganchadas a la esponja marina. Zapatillas que soñaron con la posibilidad de volver a caminar. Muerte abajo. Vida arriba...pero, ¿llegarán? Salvamento Marítimo, Cruz Roja, Autoridad Portuaria, Policía y Guardia Civil, qué difícil arropar al inmigrante con mantas rojas que parecen, sin serlo, teñidas de sangre. Después algo caliente en termos de caridad. Mañana...Después. Subo, subirás o subió a la superficie con el alma rota de generosidad imposible después de ver ese fondo con personas que allí quedarán.

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