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Opinión

La realidad, sin inteligencia artificial

Dolly Parton y su ahijada Miley Cyrus, en los Grammy de 2019, en Los Ángeles.

Dolly Parton y su ahijada Miley Cyrus, en los Grammy de 2019, en Los Ángeles.

Aunque sea en la pequeña pantalla de un móvil, las imágenes nos han sacudido igual. Entre la incredulidad y el horror, hemos visto cómo un corrimiento de tierras y la crecida masiva de un río arrasaban en Nepal los asentamientos junto a la frontera china. No son grabaciones de espectadores involuntarios: proceden de una cámara de seguridad fija. Esa mirada impersonal, incapaz de apartarse o de temblar, vuelve aún más escalofriante el último zarpazo de una crisis climática que ya avanza con la lógica del cine de catástrofes, de J. A. Bayona a Roland Emmerich.

Hay un vídeo en particular que empieza con personas corriendo sin saber muy bien de qué huyen y acaba con una lente emborronada por una ola de agua y barro. Contiene tal cantidad de terror que, incapaces de asimilarlo, nos preguntamos si será inteligencia artificial. No porque haya nada extraño en sus píxeles, sino porque cuesta aceptar que algo así sea real.

Cientos de desaparecidos y decenas de muertos son, por ahora, los números que dan un perímetro medible de la catástrofe. Días antes, un tornado recorrió Pomas, cerca de Carcasona, en el sur de Francia: dejó 41 heridos y afectó a unas 300 viviendas. Sus primeras imágenes también parecían falsas. Hemos llegado a ese punto: la realidad extrema tiene que competir con los vídeos de IA que colonizan las redes, ya sea como broma, homenaje o fantasía. ¿Quién no ha visto a una Dolly Parton resucitada cantar con Whitney Houston en un dueto imposible?

La inteligencia artificial imita la realidad con una precisión cada vez más inquietante. Pero el barro de Nepal y el ciclón de Carcasona no necesitan efectos especiales. Uno fue registrado por una cámara inmóvil; el otro, por alguien que levantó el móvil a tiempo. Ambos devuelven una verdad más tozuda que cualquier montaje: el clima extremo ya ha dejado de ser una amenaza de futuro. Es el presente, y exige adaptación antes de que la imaginación vuelva a quedarse corta.

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