Opinión

Escritor y librero
El turismo, ese fabuloso estado de ánimo

El turismo, ese fabuloso estado de ánimo / .
¡Wow! Cuánto tiempo hacía…y a las tres de la tarde con la que está cayendo a pleno sol, cielo cansinamente blanco, alguna gota de barro. Una pareja feliz, unida por los labios, un besazo como de peli antigua, allí ajenos a todo. Un puntazo, ya se ve poco. Que las señoras no se quejen (¡ya no hay príncipe azul!¡oído!), ni sus maromos. De verano, cuatro trapos y morenos de piel exprés. Llevan pocas horas en tierra y hacen de su gesticulación una auténtica declaración de principios para las próximas horas. El aquí y ahora otra vez. Putrum, putrum… Aquí estamos. Casi un «aquí te pillo aquí te mato». Tanta muerte, tanto dron, tanta violencia gratuita… Paco cállate… a ti qué te importa lo que hacen los chavales. Aquí presente el hombre feliz y a su regazo colgada la ninfa de postal. Él, un pedazo de cabezón búdico y rasurado a lo Kojak. Los tatuajes llenan el cuerpo, no puede haber supremacismo pues ya no hay blanco. Caminas rápido y no es que te fijes, llevas prisa, casi bloquean el tránsito peatonal. Los pómulos de ella son como un tercer y cuarto pecho alineados, la congestión de la calle es tal que te da tiempo de comprobarlo. No soy un gran observador, solamente quería ir a buscar cambio. Este encanto bohemio que coge nuestra capital, esa cosa gratis, señora, de «reguelo» como de feria inacabable aunque no haya vanidad. Debes fingir que te lo pasas estupendo, al menos ante la cámara del móvil. Luego ya lo arreglaremos en casa. ¿El qué?... ay, Paco, no seas tonto. Tú lo que tienes es envidia…
Cuando acaban y se deshace el vínculo se embadurnan de crema solar. El uniforme es completo, uno con chanclas, la otra descalza y ajena a la suciedad que cubre Palma. La tribu pies negros pierde el glamour por la planta. La gente sigue subiendo y bajando por esta importante arteria de la ciudad, imparable, la parejita por largos minutos ha producido un monumental embudo. Chicos, son los protas del cuento y besar es algo importante, algo que se ha olvidado bastante. Se lleva más enviar un dron y reventar al prójimo. Paco, no empieces a filosofar.
Vuelven a cogerse pero esta vez se besan rápido mirando ambos al móvil, gracioso pero muy forzado. Un pito, como de árbitro, los llama de lejos. El beso es tan cinematográfico como lo eran antes. La cara de Musk es blanca como la del culo de cualquier dictador. La felicidad dura unos minutos, el brazo en alto también pero lo suficiente para dejarlo todo bien claro. Después demuestran prisa y él mastica unas frases en italiano. Desaparece la sonrisa y empiezan a caminar rápido como reanudando la marcha hacia otra desconocida realidad que ya les espera. Para eso, hemos venido. Desaparecen entre la multitud. La parejita se disuelve en el todo. La urbanidad y seriedad se recompone en sus rostros, es urgente volver a la rutina y al guion más conveniente parece decirle ella a él con la mirada de «estate quieto». Unos minutos parecen haber humanizado esta ciudad, pero… no… no ha sido así, no se vengan arriba, la foto estaba bien pero la palmadita final en el culo lo ha estropeado todo. La chica frunce el ceño. De nuevo, se incorporan. Desfilen, sigan caminando, por favor. Una guía con paraguas naranja los vuelve a reunir como clueca cultural. La debilidad humana no debía hacerles perder la compostura, todo el grupo se resiente y no van a llegar a la hora a la Catedral. El lote contratado les va a llevar el resto de la tarde. Por favor, presten atención… Perdona, cari… deja ir en italiano que siempre suena bien. «Verra la morte e avra e tuio occi». Empieza a llover y todos corren a la heladería de enfrente que es un falso italiano. La dependienta les suplica que armen una sola cola, se mojan igual, algunos ya se plantean buscar la oficina del defensor del turista pero finalmente llaman a su agencia para consultar lo del seguro porque está lloviendo. Una señora octogenaria, indígena de las pocas que quedan en el barrio antiguo, intenta salir de su casa. Esos dos vuelven a enzarzarse en su portal. La dama pica el cristal con el bastón, nadie la oye, sus ojos como platos. Demasiado amor en las calles. Será eso, Paco… mira que hoy estás tonto.
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