Opinión

Doctor Ingeniero industrial y economista
Mediterráneo, turismo e innovación

Una cala en Mallorca. / PIXABAY
El Mediterráneo español se ha consolidado como una de las regiones europeas más dinámicas y de mayor potencial económico. Su combinación de tradición industrial, atractivo turístico y creciente especialización en sectores intensivos en conocimiento lo convierten en un actor clave para el futuro de España y del sur de Europa.
Las comunidades autónomas mediterráneas agrupan una parte muy significativa de la población y de la actividad económica española. Según datos recientes, concentran en torno al 50% de la población de España y generan cerca del 47% del PIB, con un peso aún más relevante en sectores como el turismo, la logística, la industria y, cada vez más, los servicios avanzados.
La densidad demográfica y económica del Mediterráneo no solo es un indicador de volumen, sino también de diversidad productiva y de capacidad de innovación. El litoral mediterráneo combina grandes áreas metropolitanas con polos industriales históricos y destinos turísticos de primer orden, creando un ecosistema único en el contexto europeo. Esta base industrial ha sabido convivir con un modelo turístico consolidado, que descansa en infraestructuras de todo tipo -aeropuertos, puertos, redes ferroviarias (mejorables) y de carreteras- y en una calidad de vida reconocida internacionalmente.
Además, la región cuenta con una fuerte y dinámica base cultural: patrimonio histórico, universidades, centros de investigación, festivales culturales y una oferta creativa que va de la gastronomía al diseño. Este capital cultural no solo alimenta el turismo, sino que también contribuye a hacer del litoral mediterráneo un espacio atractivo para vivir y trabajar en él, especialmente para perfiles profesionales cualificados.
Este atractivo ha servido durante décadas para atraer a millones de turistas cada año pero, cada vez más, también para captar talento e inversiones de alto valor añadido. Dos ejemplos emblemáticos son el distrito 22@ de Barcelona y el Parque Tecnológico de Málaga. El 22@ ha transformado una antigua zona industrial de Barcelona en un distrito de innovación de referencia mundial. Y el Parque Tecnológico de Málaga es actualmente un hub tecnológico de primer orden internacional. Ambos casos muestran cómo el mismo activo que atrae al turismo —calidad de vida, infraestructuras, entorno cultural— puede ser aprovechado, como decía hace años Richard Florida, para crear clústers de conocimiento capaces de atraer y de retener talento de todo el mundo.
¿Qué emigración necesitamos, pues? La pregunta clave no es si necesitamos más inmigración como dicen algunos reputados profesores de economía, sino qué inmigración. Tampoco se trata de culpabilizar al sector del turismo, como han hecho otros, gracias al que se han creado infraestructuras importantes de todo tipo y se ha desarrollado el conjunto del litoral mediterráneo.
La respuesta no es, pues, excluir una u otra opción, sino definir claramente qué modelo de desarrollo se quiere impulsar. Si el objetivo es ganar competitividad, sostenibilidad fiscal y resiliencia frente a las radicales transformaciones tecnológicas que estamos viviendo, el centro de gravedad debería desplazarse hacia la atracción y la retención de talento cualificado, tanto nacional como internacional, sin renunciar a un sector turístico cada vez con mayor valor añadido.
El potencial del Mediterráneo español es enorme, pero es necesario trabajar en dos direcciones complementarias. Por un lado, desarrollar sectores económicos basados en el conocimiento -tecnología, energías limpias, industria 4.0, creatividad y cultura-, que generen empleo de calidad y aumenten la productividad. Por otro, hacer que el turismo aporte cada vez más valor, tanto en términos económicos como sociales y ambientales, con menor dependencia del turismo de masas de bajo valor añadido.
Al mismo tiempo, es necesario aprovechar los activos del turismo —infraestructuras, marca, capital humano— para alimentar el ecosistema de innovación. Un visitante que viene por un congreso, por un festival cultural o por un partido de fútbol, puede acabar convirtiéndose en un inversor, un emprendedor o un residente permanente. El Mediterráneo español tiene sus ingredientes para ser uno de los grandes polos europeos de la economía del conocimiento, sin renunciar a su carácter turístico e industrial.
En el marco del Tercer Foro Mediterráneo, liderado por el grupo Prensa Ibérica y la Fundación la Caixa, se ha definido el proyecto Innomed que va precisamente en esta línea, promover proyectos basados en la economía del conocimiento, integrados en la economía, la cultura y las condiciones sociales de cada ciudad o territorio.
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