Opinión
La pérdida de calidad de la UIB es un estímulo para ganar rigor académico

Estudiantes en el campus de la UIB. / María Pedraz
El desplome sufrido por la Universitat de las Illes Balears en el ranking de Shanghái obliga a una profunda reflexión con repercusiones no solo docentes, sino también sociales y políticas. La principal institución académica de referencia en el archipiélago desaparece de la lista de las mil universidades mejor valoradas del mundo. En siete años ha bajado 500 puestos en la calificación y solo en 2026 lo ha hecho en 200 posiciones, lo cual certifica con claridad que la pérdida de calidad académica se ha acentuado de forma alarmante en los últimos tiempos. Balears se ha situado, junto a Cantabria y La Rioja, en la cola del ranking universitario español.
Cabe preguntarse el porqué de la pérdida tan pronunciada de calidad académica en la UIB. Shanghái penaliza la disminución de citas y referencias en materia de investigación, pero también se fija, entre otros factores, en las dimensiones del campus y en la proyección de los graduados. Según los expertos, el auge de los países emergentes y los sistemas de financiación y jubilación del profesorado también pueden haber jugado en contra de la UIB, pero estos factores no inciden únicamente sobre ella. España logra mantener a 30 universidades entre las mil mejores del mundo y entre ellas no está la balear.
La institución que lidera Jaume Carot ha tardado días en reaccionar a la grave pérdida de confianza que le otorga el índice de Shanghái. Lo ha hecho amparándose en el auge de las universidades chinas y ha considerado que el listado que la degrada favorece a los grandes campus estadounidenses, sin medir la calidad docente ni reflejando de forma suficiente todas las dimensiones de la realidad universitaria. Son interpretaciones y factores, en todo caso, que no son nuevos en su totalidad y la UIB no menospreciaba cuando sí figuraba entre las mil mejores universidades del mundo bajo el sello de Shanghái.
El auge de los campus privados que está experimentando Mallorca en los últimos tiempos no es ajeno, en absoluto, a la devaluación de la UIB. Las políticas educativas del Govern de Marga Prohens están demostrando una tendencia preferente por la enseñanza superior privada cuando lo lógico es pensar que una Administración pública debe tener esmero especial en potenciar la calidad de la enseñanza pública en todos los niveles. No se han oído lamentos suficientes del conseller Antoni Vera por el descrédito internacional que está aquejando a la UIB. Basta mirar el respaldo otorgado por el Govern a la Universidad de Mallorca, incluso con informes desfavorables de la Conferencia General de Política Universitaria. También ha sido notorio el trasvase de profesorado hacia las aulas de la privada.
Polémicas y pretextos de bajo contenido aparte, lo que le ha ocurrido a la UIB con el listado de Shanghái solo puede tener una consecuencia y objetivo posible. Debe servir de espoleta y estímulo para, cuando menos, recuperar las posiciones pérdidas e incluso mejorarlas. Para ello se deberá contar con una financiación y acompañamiento suficiente por parte de un Govern con mirada excesivamente oblicua hacia lo privado. Es un ángulo de visión y una posición a corregir en beneficio de la universidad pública. Queda claro también que la potenciación académica de la UIB debe ser una exigencia social. El archipiélago balear no puede permitirse el tener a su principal institución docente de referencia en posición de capa caída, sobre todo porque ello iría en claro detrimento del propio desarrollo integral, incluido el económico, de la comunidad. La consolidación del futuro dependerá, en buena medida, de lo que se haga en este sentido.
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