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Opinión | THE HEALTHCARE WE DESERVE

Cuando un diagnóstico puede proteger a toda una familia

Cuando un diagnóstico puede proteger a toda  una familia

Cuando un diagnóstico puede proteger a toda una familia / Servimedia

Durante generaciones, la medicina ha comenzado cuando aparecía la enfermedad: un síntoma, una exploración, un diagnóstico y un tratamiento. La genética está cambiando ese orden. En determinadas enfermedades, conocer lo que ha ocurrido a una persona puede permitir actuar antes de que les ocurra a otras.

Hace dos décadas, secuenciar un genoma humano costaba decenas de millones de dólares. Hoy su coste técnico se ha reducido a unos cientos. Esa transformación ha llevado la genética desde los grandes proyectos de investigación hasta la consulta.

Hace más de una década, la decisión preventiva que Angelina Jolie hizo pública permitió a millones de personas comprender que conocer una predisposición hereditaria hace posible actuar antes de que aparezca la enfermedad. Pero aquel caso mostró algo aún más importante: la información genética de una persona puede ser relevante para toda su familia.

Pensemos en determinados cánceres hereditarios. Cuando en una persona con cáncer de colon o endometrio se identifica un síndrome de Lynch, o una alteración hereditaria como BRCA1 o BRCA2, el hallazgo puede permitir identificar familiares que comparten esa predisposición y ofrecerles estrategias de vigilancia o prevención.

Predisposición no significa destino. Heredar una variante puede aumentar el riesgo de desarrollar algunas enfermedades, pero eso no significa que vayan a aparecer. Tampoco todos los cambios en nuestro ADN tienen el mismo significado clínico. La genética exige interpretación experta, evidencia científica y asesoramiento adecuado.

Y esto va mucho más allá del cáncer. En determinadas enfermedades cardiovasculares hereditarias, la genética puede identificar familiares aparentemente sanos que necesitan seguimiento. En las enfermedades raras puede poner fin a años de incertidumbre diagnóstica y aportar información relevante para toda una familia.

Pero la pregunta verdaderamente importante aparece después del diagnóstico: ¿qué hacemos con esa información?

A esto lo llamamos estudio genético en cascada: identificada una alteración hereditaria relevante en una persona, buscamos esa misma alteración en los familiares en riesgo, extendiendo progresivamente el estudio por la familia.

Aquí aparece la paradoja. Podemos anticipar un riesgo e identificar quién podría beneficiarse de conocerlo. En algunos casos disponemos además de vigilancia o prevención capaces de modificar su futuro. Sin embargo, demasiadas veces el proceso se detiene en el primer paciente.

Un estudio publicado en JAMA Network Open en junio de 2026 analizó casi 23.000 personas con alteraciones genéticas asociadas a cáncer hereditario. Sólo en alrededor de una cuarta parte de los casos constaba que al menos un familiar hubiera realizado después el estudio en cascada. Ofrecer gratuitamente la prueba familiar apenas modificó esa proporción. El dato sugiere algo importante: disponer de la tecnología y eliminar el coste no basta. El verdadero desafío es organizar el proceso para que esa información llegue a tiempo a quienes pueden beneficiarse de conocerla.

España ha avanzado. La Orden SND/606/2024 incorporó a la cartera común del Sistema Nacional de Salud la atención genética a pacientes y familiares, incluyendo análisis, asesoramiento y pruebas predictivas cuando existe utilidad clínica.

Tenemos buena parte de las piezas. Ahora debemos conseguir que funcionen juntas.

Un hallazgo hereditario con consecuencias clínicas demostradas debería activar un circuito definido: asesoramiento genético, identificación de familiares en riesgo, acceso a la prueba indicada y, cuando corresponda, vigilancia o prevención. Siempre respetando el consentimiento, la confidencialidad y el derecho de cada persona a decidir.

No deberíamos convertir al paciente que recibe un diagnóstico complejo en el responsable de organizar la prevención genética de su familia. El sistema sanitario debe ayudarle a transformar esa información en una oportunidad para los familiares en riesgo.

Conocer un riesgo sólo tiene sentido si sabemos qué hacer con él.

Durante mucho tiempo preguntamos qué enfermedad tenía el paciente que estaba delante de nosotros. Hoy podemos añadir una pregunta más ambiciosa:

¿Qué enfermedad podríamos evitar en su familia?

La genética empieza estudiando a una persona. Su verdadero potencial aparece cuando ese conocimiento permite proteger a quienes todavía están sanos.

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