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Opinión

Periodista y filólogo

Elogio de Gabriel Verd por su tenaz vindicación de la identidad mallorquina de Cristóbal Colón

Monumento a Cristóbal Colón

Monumento a Cristóbal Colón / CJC

Hace unos cuarenta años leí un libro titulado Recopilación del enigma de don Cristóbal Colom. Su autor, Gabriel Verd Martorell, montuïrer autodidacta de 28 años al que no tengo el gusto de conocer, había sufragado en 1984 los gastos de edición de una obra donde sostenía que Colón era hijo del príncipe de Viana y había nacido en Felanitx. Creí entonces que el autor, “más cierto que la luz del mediodía”, seguía un impulso ineludible que lo guiaba donde ambos personajes lo estaban esperando. Seducido por la tesis, la he apoyado siempre. En honor a la verdad, no obstante, vale decir que el felanitxer Joan Cerdà, propuso en 1967 las líneas de investigación en un opúsculo de treinta y cuatro páginas titulado Mallorca cuna de Colom?, presentado a los premios Ciudad de Palma.

Carlos de Viana (1421-1461), hijo de Blanca I de Navarra y Juan II de Aragón, educado en el castillo de Olite, donde se casó en 1439 con Inés de Cleves, debía reinar como Carlos IV de Navarra tras la muerte de su madre en 1441, pues heredaba el trono. En el testamento de la reina difunta figuraba, empero, un párrafo en el que ésta le rogaba que no quisiera reinar “… sin el consentimiento y la bendición de dicho señor su padre.” La discordia entre el rey consorte y su hijo a causa de estas palabras duró hasta la muerte del príncipe. El hecho que selló las aspiraciones del heredero fue el segundo matrimonio de su padre, “un castellano de pura cepa” en palabras de Vicens Vives, que en 1447 tomó por esposa a Juana Enríquez (1425-1468), hija del almirante de Castilla y madre de Fernando el Católico (1452-1516).

El príncipe llegó a Mallorca en agosto de 1459. Huido de Navarra en mayo de 1456, en marzo de 1457 Carlos de Viana había viajado a Nápoles, donde residía el rey de Aragón, su tío. Alfonso el Magnánimo lo recibió como a un hijo y se prestó a mediar entre su sobrino y su hermano. El ambiente renacentista de la corte lo estimuló y tradujo allí a Aristóteles. La muerte de Alfonso V el 27 de junio de 1458 fue una calamidad para don Carlos, que el 15 de julio se trasladó a Sicilia, donde utilizó el título de “primogénito de Aragón, de Navarra y de Sicilia, príncipe de Viana”. El mismo día Juan de Navarra tomó el título de rey de Aragón y de Sicilia. Un año más tarde, por mandato de su padre, el príncipe viajó a Mallorca desde Palermo.

Desembarcado en Palma el 20 de agosto, Carlos de Viana quiso alojarse en Bellver, pero no se le permitió. Manuel Iribarren, autor de El príncipe de Viana (un destino frustrado), considera “un confinamiento vigilado” su estancia en el castillo roquero de Santueri. Joan Cerdà y otras fuentes citadas por Gabriel Verd lo sitúan asimismo en Santueri. La Alqueria Roja, donde debió de nacer Colón, estaba situada a seis kilómetros del castillo y a siete de San Salvador. (Colón llamó San Salvador a la isla de Guanahaní, la primera que pisó el 12 de octubre de 1492). Bartolomé de las Casas, Hernando Colón, el hijo ilegítimo, y más recientemente José Mª Asencio aluden a “de Terra Rubra” como el segundo apellido de Colón. Salvador de Madariaga en su Vida del muy magnífico señor don Cristóbal Colón escribe que se consideró “de Terra Rubra“ el segundo apellido de Cristóbal Colón cuando en realidad era un topónimo que indicaría el lugar de nacimiento. Verd menciona la Història de Felanitx de Cosme Bauçà Adrover (1871-1959) para explicar que la traducción de “Terra Rubra” es Alqueria Roja, actualmente Son Ramonet.

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Gabriel Verd / Nele Bendgens

Localizado el lugar de nacimiento, Gabriel Verd constata que en la obra magna de Cosme Bauçà figura asimismo el nombre Joan Colom, el supuesto abuelo materno de Colón. Para profundizar en los orígenes familiares, Verd acude al libro Forenses y ciudadanos, de Josep Mª Quadrado (1819-1896), donde el polígrafo de Ciutadella arguye sobre los conflictos sociales en la Mallorca del s. XV. Entre 1450 y 1453 una revuelta enfrentó a los mercaderes de la ciudad y a los payeses. La represión que siguió provocó el exilio de muchas familias. Entre los prófugos figuraban los hijos varones del hacendado Joan Colom, Cristóbal y su hermano, conocido como Guillaume de Casenove Coullon, que quizá abandonaron la isla desde Porto Colom. Ambos estuvieron al servicio del duque Renato de Anjou, conde de Provenza, al que en 1466, en el transcurso de la guerra civil catalana (1462-1472), la Generalitat ofreció la corona de Aragón. Colón habría navegado durante varios años con sus tíos. Cabe pensar que Margarita, hija de Joan Colom y madre del descubridor, permaneció en Mallorca. En el tercer viaje Colón puso el nombre de su madre en mallorquín, Margalida, a la isla más bonita de Venezuela, según se comprueba en el mapa de 1500 de Juan de la Cosa.

Una nueva amante llamada Margarita

El primer historiador en dar noticia de la relación entre la mallorquina Margarita Colom y Carlos de Viana es Georges Desdevises du Dezert, quien en Don Carlos d’Aragon Prince de Viane. Étude sur l’Espagne du Nord au XV Siècle (1889) escribe: “Para ocuparse del ocio de su semicautiverio, el príncipe parece haber tomado una nueva amante llamada Margarita”. Iribarren alude también a esta relación sentimental del príncipe. Tanto Joan Cerdà como Gabriel Verd reproducen el texto de Iribarren: “El nombre de otra posible amante -Margarita- rasga los cendales del tiempo, que son nieblas del olvido, con frívola rapidez”. G. Desdevises fue el primero en citar un texto del 28 de octubre de 1459, que todos reproducen, dirigido por el príncipe de Viana al gobernador de Mallorca. En él don Carlos escribe textualmente: “Agradecemos mucho lo que fecho haveys en recomendación de Margarita, la verdad de la cosa mostrará lo que haveys sentido de ella ser prenyada.”

El príncipe abandonó Mallorca en marzo de 1460 y nunca conoció al hijo que engendraba Margarita Colom, que había de convertirse en uno de los personajes más universales de la historia. Sin descendencia con Inés de Cleves, fallecida en 1448, reconoció a tres bastardos. Es pertinente ahora mencionar sólo a Ana de Navarra y Aragón (1451-1477), nacida de su relación con María de Armendáriz, pues Ana casó con Luis de la Cerda, duque de Medinaceli, en cuyo palacio del Puerto de Santa María vivió Colón cuando entró en Castilla. Su hermanastra Ana había fallecido, pero el duque, su cuñado, lo trató como a un noble, según Gabriel Verd, y lo introdujo en la corte. Juan Manzano Manzano en Cristóbal Colón. Siete años decisivos de su vida 1485-1492 lo corrobora y cita a Fernández de Oviedo, quien en su Historia general y natural de las Indias escribe: “… el duque de Medinaceli ya quería venir a armar al dicho Colom (con eme) en su villa del Puerto de Santa María, y que no le quisieron dar licencia el Rey e Reina Católicos para ello.”

El príncipe negoció en Mallorca la Concordia de Barcelona (26 de enero de 1460) y sin aguardar la indicación de su padre embarcó rumbo a Cataluña. Llegó el 28 de marzo y tres días después entró triunfalmente en la ciudad. Vicens Vives, en Juan II de Aragón (1398-1479). Monarquía y revolución en la España del siglo XV, escribe lo siguiente: “San Carlos de Viana ¿Una ficción o una realidad? No importa. Lo importante es el mito. La fuerza que convirtió a un desconocido en el campeón de las tradiciones políticas de un pueblo que le era extraño.” En plena crisis, don Carlos negociaba su matrimonio con Isabel de Castilla, hermana de Enrique IV, de lo cual el rey de Aragón fue advertido por don Fadrique, su suegro. “Fue preciso que doña Juana Enríquez -escribe Vicens Vives- se arrastrara gimiendo a sus pies” para que Juan II ordenase el arresto de su hijo el 2 de diciembre de 1460. Se soldó entonces la causa del príncipe, proclamado primogénito el 31 de enero de 1461, con las libertades de Cataluña. Excarcelado el 12 de marzo, Carlos de Viana repitió entrada apoteósica en Barcelona, pero murió el 23 de septiembre. Comenzó enseguida una campaña contra Juana Enríquez a la que se acusó de haber envenenado a su hijastro para beneficiar a su hijo, Fernando el Católico.

Cristóbal Colón.

Cristóbal Colón. / Diario de Mallorca

Por arte de birlibirloque

El 12 de octubre de 2024 TVE emitió el documental Colón ADN. Su verdadero origen, presentado por José Antonio Lorente, catedrático de Medicina Legal y Forense en la Universidad de Granada. Descartadas todas las teorías sobre la identidad de Colón, quedaron sólo la mallorquina y la valenciana. Junto a Gabriel Verd aparece el historiador Pedro Cuesta Escudero, quien recientemente ha presentado en la UIB el Documento Borromeo, el cual confirmaría que Colón era mallorquín. Casi al final del programa ambos son filmados exultantes en un taxi, pues su tesis se perfila como la verdadera. “Estás muy contento“, dice Cuesta. “Después de cincuenta años de lucha que tus sueños se conviertan en realidad…” comenta Verd, el cual eufórico pregunta: “¿A ver, Pedro, no has traído una botella de cava…? Como por arte de birlibirloque, que, como explica José Bergamín en La claridad del toreo, es el arte de poner y quitar, es decir, el arte del engaño, todo se disipa. El doctor Lorente les comunica que los datos del ADN que tenían de la familia Trastámara no coincidían con los de la familia de Colón. Luego, Lorente se desplaza a Valencia para comunicarle a Francesc Albardaner, q. e. p. d., que su hipótesis sobre el origen judío de Colón es la buena. Albardaner opina que Colón era valenciano, afirma que era judío de corazón y que sus escritos rezuman judaísmo.

Finalmente, el año pasado Carlos García-Delgado, arquitecto y doctor en ingeniería industrial, asesorado por Gabriel Verd, publicó El origen de Colón más allá del ADN. Análisis crítico de la tesis genovesa a la luz de quince hechos históricos. García-Delgado denuncia que en el documental de TVE se idearon las conclusiones y que carecen de credibilidad. Explica que no se pudo probar el parentesco de Colón con Carlos de Viana porque los franceses saquearon el monasterio de Poblet, donde se enterró al príncipe. Tampoco fue posible acceder a los restos de Juan II o de Fernando el Católico, por lo que “se recurrió a una faena de aliño”: se eligió a Tello de Castilla (1337-1370), hijo natural de Alfonso XI, para cotejar su ADN con el de Colón. Sin confirmarlo con personas emparentadas con don Carlos, lamenta García-Delgado, “se concluyó de forma rotunda -y con una ligereza ajena al rigor científico- que Colón no estaba emparentado con Carlos de Viana porque no lo estaba con Tello. Un despropósito.”

En el texto de García-Delgado se presentan datos e indicios que respaldan el vínculo de Colón con Mallorca. En su Relación del cuarto viaje, Colón afirma que se puso al servicio de los Reyes Católicos “a la edad de 28 años”, lo cual corrobora que no nació en 1451, sino en 1460, como sostiene Gabriel Verd. En cuanto a la tesis genovesa, quince hechos probados muestran su imposibilidad. Veamos algunos: Colón nunca escribió en italiano ni existe un sólo documento que permita afirmar que era genovés. Un donnadie (hijo del lanero Domenico Colombo) jamás hubiera recibido el tratamiento de Don por parte de los Reyes Católicos ni hubiera sido nombrado almirante, virrey y gobernador general. Las pistas que conducen a la ratificación de que el descubridor de América era mallorquín son abrumadoras, pero no podemos ahora extendernos más. Añadiremos sólo que existen textos del propio Colón, de los Reyes Católicos, de Gonzalo Fernández de Oviedo o de Luis de Santángel donde aparece escrito Colom como apellido del descubridor.

El pasado 14 de marzo, El Debate publicó una entrevista titulada “Cristóbal Colón era Mallorquín: la cruzada de Gabriel Verd contra cinco siglos de Historia oficial”. En ella, Verd lamenta la falta de apoyo institucional y afirma: “Aquí hay políticos cobardes que no se atreven a defender algo así”. Una muestra de apoyo institucional la tenemos en Mussolini, que se apropió de la figura de Colón y lanzó una campaña de propaganda que lo presentaba como un genio de la raza. En nuestro caso bastaría promover y/o financiar una investigación para reclamar al hijo más ilustre de Mallorca.

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