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Opinión | Tribuna

El populismo sale caro

El imperativo categórico kantiano sostiene que debemos obrar de tal forma que nuestros actos puedan valer como principio de una legislación universal. A sensu contrario, si aceptamos la mentira como valor universal, todos pueden mentir, la palabra pierde valor, se destruye la confianza y la razón pura sale en su defensa dictaminando que la mentira es mala por naturaleza. Pero Kant no conoció a Trump.

Los devastadores efectos internacionales de los aranceles que nos impuso en «El Día de la Liberación» solo en 2025 a los americanos les supuso un perjuicio de 200.000 millones de dólares. Para el 2026 se estima en 330.000 millones, de acuerdo con el Departamento del Tesoro Norteamericano. Pero lo más obsceno es que no responde a intereses nacionales, sino a los intereses del presidente más corrupto de la historia los EE UU adorado por personajes a los que analizaremos en los próximos años.

Quien se vanagloriaba de «perseguir a las mismas mujeres en New York» que Trump, Howard Lutnick, su secretario de Estado para el Comercio ha aumentada la inflación mundial. Junto con el yerno de Trump, Jared Kushner, están cerrando tratos en países ricos, publica el Washington Post. Permiten apostar cantidades indecentes a cuenta de las conclusiones de la segunda sentencia del Tribunal Supremo en materia de aranceles. De otra parte, funcionarios y lobistas de la administración consiguieron exenciones arancelarias para determinadas empresas con retornos para el dictador: un rolex de escritorio chapado en oro; «donaciones» para construir el famoso salón de baile de la Casa Blanca - que ha supuesto el derribo de un tercio del edificio catalogada y protegido- y beneficios para el resto de la «familia»: el hermano de Jared, Josh Kushner, intentó un pelotazo con Infantino Corleone consistente en comprar los derechos televisivos y de patrocinio de la FIFA, pero la UEFA , los clubes y varios gobiernos europeos lo abortaron.

China ha salido casi indemne porque ha reorganizado sus cadenas de valor; en EE. UU se han destruido empresas y empleos agroalimentarios porque el importe de los aranceles ha recaído sobre el consumidor final y el PIB norteamericano ha perdido el 0,27 por cien; además, se ha disparado el costo de los fertilizantes internacionales. EE UU ha perdido competitividad. La puntilla ha sido la guerra de Irán, que sólo Netanyahu y Trump comprenden, pero nos afecta a todos porque el litro de diésel, gasolina, el m3 de gas y el kw de electricidad han subido considerablemente.

Todo lo anterior es lo que sucede cuando ideologías populistas llegan al poder. Destruyen la innovación, universidades y la ciencia; convierten las haciendas públicas y las administraciones en órganos ineficientes y recompensan a los evasores fiscales. Con un descaro insultante Trump ha convertido su red social en un negocio en el que por 100.000 dólares al mes tienes acceso a las acciones que subirán porque las comprará y te avisará.

Ha levantado 2.000 millones de dólares en crypto (estafando a centenares de miles de americanos) y una cantidad, desconocida hasta la fecha, en acciones compradas con información privilegiada o vinculadas a contratos públicos impulsados desde su gobierno.

La última de sus locuras, esta vez en perjuicio de los que no son millonarios, ha consistido en dividir en tres la vacuna que hasta le fecha se ponía a los niños en una dosis: rubeola, sarampión y paperas. Sin ninguna evidencia científica, salvo su chiflado razonamiento de que «la combinación era algo así como un arma nuclear». Pero de lo que se trata es de que los padres paguen el triple porque a él solo le interesan los millonarios. Y sus votantes se han dado cuenta. También le encantan los dictadores, por lo que ha decidido reducir la cooperación militar con Corea del Sur porque son «hostiles» con Corea del Norte (cómo no). Sí, el populismo sale caro y el voto puede ser un arma de destrucción masiva.

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