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Opinión | Tribuna

¡Jaimito!, a la pizarra…

En breve veremos el trasvase de este entorno digital al entorno físico a través de los robots. ¿Serán los humanoides capaces de discernir cuál realidad es la más real de todas?

¡Jaimito!, a la pizarra…

¡Jaimito!, a la pizarra… / Getty Images

¿Os acordáis de los chistes de Jaimito? Hubo un tiempo no tan lejano en que el castigo máximo en el cole era llamar a un alumno a la pizarra y hacerle escribir una misma frase 100 veces. La jugada era doble: amonestar al resto de la clase con el ejemplo, y como beneficio colateral para la víctima, lograr que, a fuerza de repetir, la frase se le quedara tatuada en la memoria.

Imaginaros que hoy todos fuéramos Jaimito. Unos 8.000 millones de Jaimitos, todos delante de la pizarra Twitter (X), Instagram, WhatsApp, Facebook, TikTok, etc. Si, por ejemplo, dos tercios de todos esos Jaimitos escribimos en la pizarra 100 veces «La Tierra es plana», ¿qué creéis que pasaría?

Un volumen de afirmaciones tan abrumador también quedaría tatuado en la memoria de Internet y, por tanto, en la de todos los bots de IA que usamos a diario. Y así, cuando alguien la próxima semana pregunte a cualquiera de estos bots por la forma de nuestro planeta ¿cuál creéis que será la respuesta que reciba? Pues que la Tierra es plana. Y cuando le pregunte al Bot por qué, en qué se basa, este le citará numerosas fuentes de Internet, todas concordantes. En definitiva, el algoritmo detrás de los bots sucumbe a la cantidad frente a la calidad de las fuentes. Es cierto que los desarrolladores como OpenAI, Anthropic, Google, Alibaba, etc. aplican capas correctivas. Pero estas capas si la distorsión es masiva y persistente, no aguantan y sucumben a la avalancha.

Ah, un detalle más: imaginaros que Jaimito deja de ser una persona de carne y hueso, y se convierte en un ejército de miles de cuentas falsas escribiendo un millón de veces «La Tierra es plana».

Tu propia pizarra…

Otra de las «virtudes» del tsunami digital que se nos viene encima es que además de poder crear una verdad global: «La tierra es plana», también existe la posibilidad de crear una verdad personalizada: «Tu tierra es ilimitada». Es decir, una verdad solo para ti y tus necesidades. Sí, esos mismos superalgoritmos son también capaces de customizar para ti la realidad que más te apetezca. Tu pide la realidad que quieras (escribiendo mucho en todas las pizarras) y el algoritmo cumplirá tus deseos. La realidad a medida, solo para ti.

¿No te gustan las noticias que lees? No te preocupes, aquí te voy pasando otras que seguro te gustarán más. ¿Quieres una prueba de que tienes razón, en lo que sea? Ningún problema, en un pispás te fabrico las pruebas que hagan falta para que estes más a gusto. ¿No te gusta lo que dijiste? Tranqui, ahora editamos tu voz, tu boca, tu postura y tuneamos tu mensaje. Fotos que no fueron, vídeos que no ocurrieron, audios de gente que nunca habló. Todo en veinte segundos desde el móvil.

Más allá de la pizarra…

Antes decíamos «si no lo veo, no lo creo». Eso se acabó. Ya no puedes fiarte de lo que ves. Las imágenes ya no son instantes de la realidad: son mensajes, son opiniones. Todo lo que ves ahora en una pantalla ha sido tocado, retocado, inventado. Con «lo he visto con mis propios ojos» ya no convencerás a nadie.

Y entonces, si en la pizarra podemos crear realidades, ¿qué ocurre con la realidad que nos rodea en el día a día? ¿Qué consecuencias tiene todo esto? Me pregunto… ¿Cómo juzgamos ahora a un presunto criminal si todas las pruebas aportadas ante el juez son susceptibles de haber sido creadas y manipuladas? ¿Cómo puede un notario dar fe de algo que es imposible saber si es cierto o no? ¿Cómo puede un profesor universitario valorar el trabajo y conocimiento académico de sus alumnos cuando lo que aportan ha sido creado por IA? ¿Cómo saber si detrás de las alegaciones a un proyecto hay abogados o agentes de IA? ¿Cómo puede un periodista fiarse de una imagen o un documento para publicar una noticia?

Ah, y en breve veremos el trasvase de este entorno digital al entorno físico a través de los robots. ¿Serán los humanoides capaces de discernir cuál realidad es la más real de todas? ¿Darán prioridad a la realidad de su sistema operativo conectado a la nube o a la realidad que les entra por sus sensores?

Sin tiza ante la pizarra…

Por suerte, en medio de este matrix de pizarras, aún hay cosas que aguantan y se resisten a esta avalancha digital:

Un abrazo. Una sonrisa. Un tortazo. Un grito. La alegría. El dolor. El sudor. Un error. El miedo. Un olor. Una arruga. Un bebé. Un árbol. La tierra. Una guitarra. Una pelota. Una piedra. Una brisa. El mar.

En este mundo de la postverdad reivindiquemos lo humano y lo natural.

Jaimitos todos…

Ya que nos toca ser protagonistas de un chiste de dimensión global, intentemos al menos que este chiste sea bueno, ¿no?

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