Opinión | Tribuna
Ceuta, el espejo de Sánchez
Hace casi veinte días que una avalancha humana entró en la ciudad, y no ha habido una sola explicación de por qué ocurrió, cómo se permitió y, sobre todo, de por qué el rey de Marruecos manda sobre la política exterior española

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la reunión por videoconferencia, para coordinar la crisis de Ceuta. / EFE
Ceuta actúa como un espejo en la proyección de Pedro Sánchez. Pero no es un espejo amable, sino más bien uno de aquellos espejos cóncavos con los que Valle-Inclán describía a sus personajes. El héroe clásico reflejado en el espejo deformado se convertía en el esperpento que permitía hacer una ácida crítica de las miserias de su época. Y aunque no sabemos si su personaje mítico, el venerable Max Estrella, habría descrito como grotesco al actual presidente español, es un hecho que su imagen reflejada en el espejo ceutí resulta pésima.
Todo es un magno error, todo, desde la errática política exterior española, hasta la sumisión pública a los intereses de Marruecos, pasando por la bunkerización en La Mareta o el secuestro de la información pública. Y mientras tanto Ceuta permanece al límite de sus fuerzas, con la ciudadanía asustada, los servicios públicos estresados, la crisis humanitaria de miles de personas por sus calles y las instituciones totalmente desbordadas, hasta el punto de que su presidente amenaza con llevar al Gobierno español a los tribunales si no actúa seriamente. Es tan evidente que Ceuta no puede suplir a un Estado, y más cuando su vulnerabilidad es máxima, que no basta con hacer pasear a ministros con cara de circunstancias y foto de rigor. Hace casi veinte días que una avalancha humana entró en la ciudad, creando una crisis humanitaria pero también geopolítica de enormes dimensiones. Y durante estos veinte días no ha habido una sola explicación de por qué ocurrió, cómo se permitió, cuáles fueron los errores, cuál fue el comportamiento de los servicios de inteligencia, qué medidas no se desplegaron y, sobre todo, ninguna explicación de por qué el rey de Marruecos manda sobre la política exterior española. Tampoco se sabe realmente cuántas personas vagan todavía por la ciudad, pero la variación de 5.000 a 10.000 personas que se ha hecho pública ya da la medida precisa del descontrol de la situación. Al mismo tiempo, tampoco se conoce cuántas personas han entrado en la península, ni cuáles son sus condiciones.
Si el panorama ya resulta enormemente preocupante, la mirada a gran escala obliga a poner sobre la mesa los enormes riesgos que están en el horizonte y que se agravan con la imagen de descontrol que se ha proyectado: desde la crisis yihadista del Sahel, que amenaza con provocar oleadas masivas de migraciones hacia España, hasta el drama subsahariano, pasando por el efecto llamada global que todo ello representa. Un efecto llamada enormemente reforzado por la regularización exprés y precipitada que perpetró el Gobierno de Sánchez, con un único objetivo propagandístico. El exdiplomático marroquí y reconocido periodista Ali Lmrabet fue inequívoco en este sentido: «Regularizar a un millón de ilegales ha sido el detonante de la crisis de Ceuta». Efecto llamada de la regularización masiva, sumado al dominio marroquí en la política exterior española, sumado a los errores con las alianzas geoestratégicas, sumado al desaguisado del Gobierno español, sumado a la evidente debilidad parlamentaria: todo conduce al agujero negro del 30 de julio. Y en medio del escenario, la imagen de un Consejo de Ministros que camina sin rumbo, esquivando las explicaciones públicas y sin ser capaz de tranquilizar a la ciudadanía, probablemente porque tampoco sabe qué decir. El error de no querer ir al Senado es mayúsculo, porque esta es la primera obligación de un Gobierno: explicarse ante los parlamentos. Y da igual que sea una jugada política del PP. Evidentemente, todos juegan, pero el juego democrático tiene unas normas precisas, entre ellas respetar y responder a la oposición cuando hay una grave crisis.
Cadena de errores derivada de una cadena de irresponsabilidades. Al fin y al cabo, la imagen de un presidente que se sostiene por un hilo, que regulariza masiva y precipitadamente para salvar cuatro votos, que tiene miedo del vecino marroquí (con Pegasus en el horizonte), que se amista con Irán y China y ataca a Estados Unidos, que inquieta a sus vecinos de la UE y que se esconde cuando estalla la crisis, es la definición precisa de la debilidad y la vulnerabilidad. De ahí que Marruecos mueva los hilos españoles como una marioneta. Por eso Ceuta es un espejo cóncavo, porque muestra la imagen de una situación esperpéntica que, si no se corrige, solo puede ir a peor.
Suscríbete para seguir leyendo
- Rels B detiene dos veces su concierto en Mallorca por las alertas del público
- Denunciado por instalar una grúa ilegal para bajar una embarcación en Cala Egos
- Sóller planta cara al Consell por la carretera del Desvío: el concejal de Movilidad denuncia promesas incumplidas y trabas a las mejoras
- Ofensiva de los vecinos de Palma contra los minimarkets que venden alcohol de madrugada: piden que cierren a las 21.30
- Rels B, el hijo que vuelve a casa antes de ser predilecto
- Detenido un chófer de transporte discrecional por pegar a otro en el aeropuerto de Palma
- Costitx elige a Joan Munar como alcalde, el tercero en casi 50 años
- Un patinete con dos personas se estrella contra un coche de la Policía Local en sa Vileta, en Palma
