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Opinión | Tribuna

Schengen, de la excepción a la norma

Controles fronterizos a viajeros procedentes de Italia

Controles fronterizos a viajeros procedentes de Italia

Tres detenidos y 21 personas devueltas a España. Ese es, por ahora, el magro balance de los controles impuestos por Italia a los pasajeros llegados desde puertos y aeropuertos españoles a raíz de la crisis migratoria de Ceuta. Veinticuatro casos para justificar una medida que afecta a uno de los pilares de la Unión Europea, la libre circulación de personas.

La desproporción resulta difícil de ignorar. Schengen nació precisamente para que cruzar una frontera interior europea dejara de parecerse a cruzar una frontera. Sin embargo, los controles «temporales» se han convertido en una herramienta cada vez más habitual. Se han contabilizado alrededor de 500 en los últimos años. Austria, Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Noruega, Eslovenia o Suecia han recurrido a ellos por distintos motivos, desde el terrorismo a la inmigración. Hasta tal punto que la Comisión Europea ha tenido que recordar este año que deben ser excepcionales, proporcionados y un recurso de última instancia.

El reglamento de Schengen contempla esta posibilidad y, en sí misma, nada hay que objetar. Lo preocupante es la facilidad con la que la excepción empieza a convertirse en costumbre. Siempre hay un motivo disponible para volver a levantar barreras que después cuesta retirar.

El caso italiano lo ilustra bien. Si, tras desplegar controles sobre los viajeros procedentes de España a raíz de la crisis de Ceuta, el resultado se reduce a tres detenidos y 21 devoluciones, cabe preguntarse si la amenaza que pretendía conjurarse justificaba realmente someter a miles de pasajeros a controles en una frontera que, sobre el papel, no debería existir.

Europa corre el riesgo de conservar Schengen en los tratados mientras lo desmonta en el día a día. Las excepciones están previstas para sortear situaciones extraordinarias y deberían ser puntuales. Convertirlas en rutina puede acabar con una piedra angular del proyecto europeo. Por eso, es también un error que España haya respondido con la misma medida.

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