Opinión | Editorial
El eclipse de nuestra época tuvo claridad institucional y social

Imagen del eclipse del siglo en Mallorca / Mallorca Balloons
El eclipse total del pasado día 12 respondió con creces a las expectativas creadas. Una amplia campaña informativa de las instituciones, dirigida sobre todo a la población local, contribuyó a crear conciencia social de estar ante uno de los fenómenos naturales más extraordinarios que pueden deparar los tiempos modernos. Fueron 90 segundos únicos de oscuridad durante los cuales la luna se interpuso al sol y que las generaciones actuales no tendremos oportunidad de volver a vivir. El próximo eclipse total visible desde Mallorca será en 2180, si bien el próximo 2 de agosto habrá uno parcial y el 26 de enero de 2028 otro anular.
La movilidad general registrada durante toda la jornada, tanto por medios terrestres, como en todo el perímetro de la costa insular, no comportó trastornos graves. Esta era una de las grandes incógnitas del día que se saldó con éxito. Solo hubo algunos accidentes de menor importancia y pequeños altercados motivados por conductores que no respetaron las restricciones de paso en los puntos de visión más sensibles o de aforo escaso. La necesidad de atención sanitaria por probable lesión ocular se ha fijado, de momento, en 16 casos. Los 2.000 efectivos desplegados por las autoridades lograron el objeto de canalizar la jornada de forma adecuada. De hecho, se registraron menos atascos que en un día normal.
Dicho esto, hay que puntualizar también que las campañas informativas institucionales flaquearon en algunos de sus aspectos, centrándose en pedir precaución, cautela y poca movilidad a población local y obviando, en el punto álgido de la temporada turística, a unos visitantes extranjeros que en buena medida acabaron acaparando los puntos oficiales de observación. Esta fue la causa por la cual un número considerable de mallorquines acabara renunciando a presenciar el eclipse en vivo mientras, por ejemplo, la Platja de Palma permanecía con mucho espacio sin ocupar. Se calcula que unas 60.000 personas eligieron este lugar para observar el fenómeno extraordinario. En el aeropuerto de Son Sant Joan se notaba una evidente falta de información sobre los criterios a seguir en la jornada histórica. De ahí algunos reproches vertidos indicando que los turistas han tenido más facilidades y menos límites para observar el eclipse.
El riesgo de incendio, en una jornada en que las altas temperaturas situaron en alerta roja a toda la isla, era uno de las grandes peligros a afrontar y probablemente el mayor miedo de las autoridades. No hubo sobresaltos en este aspecto. Un aspecto y otro, la normalidad general de la jornada, han logrado una cosa casi tan insólita en estos lares como el propio acontecimiento astronómico, la valoración positiva de la gestión de la jornada que han hecho fuerzas políticas, agentes sociales y unos hoteleros que también reivindican para sí una porción considerable del éxito y la tranquilidad lograda. Todos los partidos han acabado coincidiendo en el buen comportamiento de los ciudadanos y defienden que las medidas aplicadas fueron adecuadas ante la magnitud del fenómeno.
Con todo ello, el eclipse total de sol experimentado el 12 de agosto reúne todos los elementos para quedar incorporado con sensación agradable a la historia y a la memoria colectiva de esta isla. Es uno de estos hechos que, por excepcional, siempre se recuerdan y comentan con agrado. También un amplio campo de investigación abierto a la comunidad científica. De ahí que tantos astrónomos y fotógrafos de todo el mundo no desaprovecharan la oportunidad de venir a Mallorca para observarlo y registrarlo en todos sus detalles.
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