Opinión | Tribuna

Decana de la Demarcación de Baleares del Colegio Oficial de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos
Y la infraestructura que siempre habla, ese día no dijo nada

Fachada frontal de la zona aire del aeropuerto de Ibiza. / César Navarro Adame
Como ingeniera civil, tengo la necesidad de hablar de una reflexión que me acompaña siempre y que ha cobrado importancia durante este verano: abordar grandes debates públicos desde una perspectiva desenfocada. El futuro de los aeropuertos insulares de rabiosa actualidad y el de otras infraestructuras no es una excepción.
Es innegable el interés social que despierta, en el caso de Ibiza, por ejemplo, la reforma y ampliación de la dotación pública. El debate se está centrando en una percepción que muchos compartimos: la sensación de que las islas han alcanzado un nivel de saturación que afecta directamente a la calidad de vida de quienes vivimos en ellas. De ahí surge una reacción tan comprensible como frecuente: ¡Que estas actuaciones no impliquen la llegada de más turismo!
La percepción responde a una realidad. El uso y acceso a los servicios y espacios públicos, está cada vez más condicionado por la congestión y la presión.
Sin embargo, conviene evitar que una infraestructura se convierta en el único objeto de crítica. Las infraestructuras no toman decisiones, aunque a veces las tratemos como si lo hicieran. Son instrumentos al servicio de la sociedad y deben planificarse y dimensionarse de acuerdo con la población, la actividad económica y el territorio al que sirven.
El debate no debería limitarse únicamente a decidir si debe ejecutarse o no una determinada actuación. La pregunta de fondo es otra: ¿cuál es la capacidad de carga de las islas? ¿Cuántas personas se pueden acoger de forma compatible con la calidad de vida del residente y la sostenibilidad ambiental? ¿De qué presupuesto territorial disponemos y cómo se distribuye en apenas unos 5.000 km2?
Responder a esto exige analizar conjuntamente el ciclo del agua, la energía, los residuos, la movilidad, la vivienda, la sanidad, la educación, los espacios naturales y todas las infraestructuras que hacen posible la vida cotidiana. Eso es, en esencia, la planificación territorial: la disciplina que debe dar coherencia al conjunto de decisiones. Porque antes de decidir cómo debe ser una carretera, un hospital, una depuradora o un aeropuerto, deberíamos saber qué isla queremos, o podemos, ser.
La capacidad de un territorio nunca viene determinada por un único factor. Depende del equilibrio entre todos ellos. Basta con que uno de los sistemas alcance su límite para que aparezcan tensiones en el conjunto. Desde esta perspectiva, el verdadero debate tampoco consiste únicamente en determinar cuántos visitantes recibimos, sino cómo queremos recibirlos. No es solo una cuestión cuantitativa, sino cualitativa.
¿Optar por un modelo basado en un elevado volumen de visitantes y rápida rotación, con un uso intensivo de infraestructuras y recursos, u orientarse todo hacia un modelo de mayor valor añadido, estancias más largas y menor presión física? La pregunta es sencilla: ¿queremos un turismo intensivo o un turismo extensivo?
Hay un indicador especialmente revelador: la estancia media. En el caso de las Illes Balears, la duración media del viaje de los turistas internacionales se encuentra habitualmente entre las más reducidas de los principales destinos turísticos, según la Encuesta de Gasto Turístico del INE. Una estancia reducida aumenta la rotación de pasajeros y la presión sobre el aeropuerto, la red viaria, el transporte y los servicios.
Por ello, la responsabilidad de planificar y proyectar cualquier infraestructura debe ser compartida entre las distintas administraciones y gestores responsables -AENA, Govern de les Illes Baleas, los Consells Insulars, Ayuntamientos, etc. No se trata de «matar al cartero», sino de asumir colectivamente la responsabilidad de gestionar el territorio con datos, coordinación y criterios objetivos, todo ello para poder tomar las mejores decisiones.
Desde el Colegio de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos se defiende que cualquier inversión en infraestructuras debe abordarse desde una visión territorial integral de ingeniería civil, capaz de integrar los diferentes sistemas al servicio de la sociedad de manera respetuosa.
El aeropuerto es una infraestructura crítica para cualquiera de nuestras islas: garantiza la conectividad, el acceso a servicios básicos y la cohesión territorial, económica y familiar de quienes vivimos en la islas. Probablemente el problema no radique en una única infraestructura ni pueda resolverse actuando exclusivamente sobre ella.
Solo mediante una planificación territorial rigurosa, basada en datos concretos y en el conocimiento del verdadero presupuesto territorial y de la capacidad de acogida de Ses Illes, podremos decidir qué infraestructuras necesitamos, cómo deben dimensionarse y qué modelo de desarrollo queremos construir para las próximas décadas.
Y quizá entonces descubramos que el aeropuerto, u otra infraestructura, no era quien tenía que dar todas las respuestas. Quizá, simplemente, llevaba demasiado tiempo siendo el único al que preguntábamos.
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