Opinión

Escritor y librero
Hiere la belleza

Hospital Sant Joan de Déu / OHSJD
Al final, haces todo lo contrario a lo que ibas a hacer. En pocas horas y visto el circo que se ha montado, cambias de opinión de forma muy acertada. No es poca la gente que en contra del borreguismo no ha querido verlo o lo ha visto por la tele. La enfermedad del gregarismo es tan contagiosa que hay un número considerable de personas que se abstienen de la función por no seguir participando del todo.
En mi caso, decido no sumarme al órdago de la Serra. Cierran viejos caminos públicos pero parece que en un solo día ya se puede invadir y destrozar los márgenes y los bellos contornos del paraíso. Quedo en la bahía de Palma. Cierro la librería a las seis de la tarde y camino en dirección opuesta al sol. Cuarenta minutos a Cala Gamba. Allí tengo a padre postrado y a madre con él, como tantas otras familias. Además el azimut desde el hospital Sant Joan de Déu es de lujo. Camino bajando las avenidas esquivando al protagonista, por la sombra. A la altura de la sede de esta casa, pasado el palacio de congresos, bandadas de torcaces se alejan en dirección al astro que marcará el tempo de este final de jornada único. Es tan grande el ajetreo que los pinares del Arenal se van vaciando de aves, ya tenemos uno de los primeros espectáculos de la tarde.
Me llama una buenísima amiga que ha rescatado un Ramon Llull de las fauces de un mercadillo de segunda en Catalunya, un auténtico tesoro. Me va explicando de qué se trata mientras la gente de diferentes barrios va confluyendo a la pagana ceremonia por todos los afluentes terrestres que desembocan en la bahía del sur. Agradable caminata hasta el Carnatge, Ciutat Jardí… los grupos se van esparciendo por la orilla. Voy llegando antes de las siete y en la línea de costa numerosas familias y grupos de amigos ya llevan horas esperando el gran espectáculo. A la hora prevista ya se percibe puntual la pequeña mordida, todo esto gratis y libre de impuestos al menos para los que hacen camino al andar.
El personal sanitario se asoma al mirador que hace de sala de espera en cada planta, todas orientadas al oeste, un auténtico lujo para contemplar minuto a minuto. El sol es realmente inaguantable incluso con las gafas, las enfermeras van aconsejando en voz alta que se hagan descansos «ir retirándose y no quedarse todo el tiempo». El personal de planta prepara y sirve las cenas a los pacientes como cualquier día del año. Algunos observan desde la cama, no todos. Otros deciden cenar con la tele transmitiendo en directo exactamente lo mismo que se puede observar bien enfrente desde la propia ventana. Para la mayoría de esa generación, ese filtro lo cambió todo en los sesenta. Un hijo lo ve desde Guadarrama, el otro dice que tiene mucho trabajo y no lo verá siguiendo su labor en el campo cuando el sol baja. Los más pequeños envían fotos bien preparados y equipados sobre las rocas con gran ilusión.
Desde el comienzo es realmente espectacular y como dijo el experto de turno supera cualquier ficción posible y la multiplica. En la montaña, y otros lugares alejados de la urbe, se percibió ligeramente una bajada del termómetro. En la bahía de Palma, es tan grande la saturación térmica que eso no se ha notado aunque la ubicación lo ha compensado todo. En su culminación la aureola de fuego casi se percibe como un placer físico. La inutilidad de mi escritura es realmente evidente, queda reflejada en este papel. Una imagen más que mil palabras. La emoción a partes iguales al comprobar cómo decenas de personas allí dentro han seguido sirviendo con empeño y amor a los enfermos que atienden como si a fuera nada pasase y como, a su vez, en el exterior la imagen que no es para nada bíblica ilustra la única religión tangible que es la de la fuerza absoluta de la naturaleza que nos iguala a todos con sus dados que este 12 nos ha brindado la mayor jugada posible. Emociona ver que mientras se discute el sexo de los ángeles o se calumnia impunemente, o se difama sin piedad…los profesionales más valiosos de este país no aflojan en su empeño de acompañar en la lucha ni un solo minuto. Enfermeras se van turnando discretamente para asomarse. En el punto álgido del eclipse casi paras la respiración, ni sumando todos tus fin de año juntos llegarías a una sensación algo parecida. Algunas lágrimas se escapan, la belleza también puede herir. Aquellas y aquellos que lo hemos presenciado nunca llegaremos a olvidar del todo ese momento. Tu madre octogenaria te coge la mano mientras el fuego y su efímera luz se desvanecen en el horizonte. Las aves marinas, descentradas, van arriba y abajo aunque desde su cielo se saben tranquilas cuando el mayor depredador anda de fiesta con semejante evento, el mayor depredador de todos los tiempos ha lucido hoy su escandalosa insignificancia.
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