Opinión | Escrito sin red
Manual de indecencia

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. / Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa
Irene Lozano redactó el libro Manual de resistencia del autor Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. En él se narran las supuestas capacidades del autor para sobreponerse a las inmensas dificultades que entraña la difícil conquista del poder. No lo he leído. Confieso la culpable omisión de no haber afrontado el deber de sumergirme en el relato pormenorizado de sus hazañas. El solo hecho de que procediera de un doctor que plagió sus tesis en una universidad privada y que pretendiera un pucherazo en una votación del comité federal del PSOE en 2016, ya era un factor es sí mismo de obligado desistimiento. Si, además, se le añade que en su acceso a la cumbre se acompañara de delincuentes macarras feministas como Ábalos y Koldo García, cuya cara les delataba mucho antes de que fueran condenados, tengo a mucha honra no haber derrochado mi tiempo con las trolas del personaje. El libro que debería haber publicado como recuento pormenorizado de toda su vida, incluyendo su etapa de presidente, es un Manual de indecencia. Hace ya algún tiempo se despachó con una declaración con la que pretendía presumir de gusto literario, declaró su devoción por Jorge Luis Borges. Yo, que algunos libros he tenido la suerte de leer, tuve la fortuna de descubrir a este porteño conservador el año 1968 cuando los autores de renombre en España eran Vargas Llosa con La ciudad y los perros y García Márquez con Cien años de soledad, izquierdistas. Leer El hacedor fue el primer gran impacto de literatura y poesía. Todavía conservo el ejemplar de Emecé Editores, cuarta impresión de marzo de 1967, firmado por Borges tras una cena inolvidable sazonada con la música verbal de sagas nórdicas. Pues bien, la declaración de Sánchez me dejó anonadado. ¿Cómo podía ser que pudiera compartir sentimientos de devoción y sensibilidad literaria con un personaje tan abyecto y aborrecible como Sánchez? ¿Cómo podía ser que la literatura me hermanara con él? La respuesta no tardó en ser evidente. Es la misma ante sus recomendaciones de novelas, poesía o canciones que, en plena crisis del caos de Ceuta, tiene la frivolidad de presentar en sus apariciones en Tik Tok. Todo es mentira desde el principio hasta el final. Es una impostura de pseudo intelectualismo que no es sino propaganda que persigue, tras una atroz invasión de la integridad de España, minimizar su gravedad. Cuando estamos en plena crisis institucional nos trata como a cretinos dándoselas de gobernante culto con los relatos construidos por los asesores que pagamos con nuestro dinero de los exagerados impuestos. Es tanta su desvergüenza, y tan elevado el desprecio que tiene por los ciudadanos, que no hay precedentes a los que remitirse. Ni escribió su tesis ni su libro ni ha leído ni ha escuchado nada de lo que se atreve a recomendar. Todo es impostura y postureo.
Las declaraciones de Marlaska negando haber sido alertado el Gobierno de la amenaza de entrada tumultuaria en Ceuta por los servicios de información, son otra de las acreditadas mentiras del ministro, inconcebibles en cualquier sistema democrático sin la dimisión o el cese del responsable de engañar a los ciudadanos. En efecto, el CNI alertó de una posible entrada ilegal en la ciudad a raíz de la sentencia del Tribunal Supremo imposibilitando la devolución en caliente cuando la entrada se hubiera realizado a nado sin traspasar barreras de contención. La otra alerta, según el diario digital The Objective, se comunicó tres días antes de que se produjera la avalancha por el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (Cifas) que envió una nota informativa declarando como «altamente probable» un asalto a la frontera. Lo curioso es que el Gobierno no cesara a la jefa del CNI ni al jefe del Cifas como sí hicieron con la jefa del DSN, dependiente de presidencia del Gobierno, por haber publicado los datos de la entrada que ya había manejado Interior. Prueba de la existencia de un conflicto entre los intereses colectivos y las conveniencias del Gobierno. No los cesaron porque, de forma verosímil informaron, pero se tragaron el descrédito de no haberlo hecho. Es como si el Gobierno les hubiera advertido: «miente, pero sé leal»; así el Gobierno puede salvar su responsabilidad argumentando que nadie había alertado de la invasión. Nos mienten sin despeinarse. Y eso que el ministro arrastra una degradación imparable en su apariencia física; de un aspecto atildado a lucir unas greñas capilares y una barba descuidada más propias de un menesteroso. Es como si la mentira repetida corroyera el cuerpo y el alma. A este paso le veremos haciendo cola en los Caputxins a por un bocata.
Entre gentes de todas las clases sociales se está extendiendo una reflexión muy negativa y peligrosa sobre el funcionamiento de la política: «la democracia no funciona». Las señales: la corrupción, el sectarismo, la polarización, el desgobierno, la degradación de los servicios públicos, el precio de los alquileres, la irresponsabilidad política… Pero, además, es una reflexión falsa. Lo que no funciona no es la democracia, lo que no funciona es otra cosa, la que tenemos: la oligarquía de los partidos políticos, la partitocracia, que nos venden como democracia. Democracia consiste en poder elegir a tus representantes sin el monopolio de los partidos, imperio de la ley, división de poderes, Estado de derecho, elección del CGPJ por los jueces, presupuestos anuales o elecciones, fiscalía del Estado elegida por el Parlamento, supresión de aforamientos, blindar las competencias del Estado, examen parlamentario de la alta dirección de los organismos del Estado, el TC convertido en sala de garantías del TS. Lo repetido tantas veces e ignorado por las élites extractivas de los partidos políticos. Esta es la democracia por la que hay que movilizarse. Ni siquiera el PP tiene la intención de luchar por ella, forman parte de la oligarquía. Pero ello no puede convertirse en el argumento para no votar la posibilidad de echar a Sánchez del Gobierno. Su gestión es una versión todavía más perniciosa de la partitocracia, lo que ya no creíamos posible. Y no se nos ofrece sino una versión más edulcorada, la que representa Feijóo, que ni nos gusta ni nos va a gustar, el mal menor, pero que es la única posibilidad de deshacernos de Sánchez. A los que renegamos del sistema no nos queda otra opción que la que mantienen los sistemas aparentemente democráticos: echar al Gobierno. El objetivo soñado está fuera de nuestro alcance. Seamos realistas y optemos por lo menos dañino.
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