Opinión | Desde el siglo XX
Gabriel Escarrer, cuando un hotelero mea fuera del tiesto
Condenar una decisión de política internacional por exclusivamente apreciación de beneficio empresarial es extemporáneo, además de osado

El presidente y CEO de Meliá, Gabriel Escarrer. / EP
El hotelero Gabriel Escarrer ha salido de Cuba con el rabo entre las piernas, expulsado sin contemplaciones por Donald Trump. Que yo sepa no ha rechistado sino acatado el ucase del presidente USA disciplinadamente. Lo mismo han hecho sus colegas Fluxá y Barceló, habituales en la crítica a cuanta decisión política que afecta a sus intereses. Con Trump boca cerrada. Lo digo por acontecer que Gabriel Escarrer emite un comunicado vapuleando la decisión del Gobierno de establecer controles a los italianos que viajan a España en reciprocidad a los levantados por el Gobierno de la posfascista Giorgia Meloni a los que desde España viajan a Italia a raíz de lo sucedido en Ceuta. Ha sido, la del Ejecutivo español, decisión de alto voltaje político, sobre todo por su simbolismo: la actuación de Meloni, a la que no le van bien las cosas, se toma por puro cálculo electoral; cargarse la libre circulación entre los estados de la Unión Europea (UE) acordada en Schengen no es poca cosa, aunque en la práctica sea cohetería de feria. España ha hecho lo único que cabía: reciprocidad .
Con esas Gabriel Escarrer se lía la manta a la cabeza al afirmar que es «descorazonador» que se pongan trabas a los viajeros procedentes de Italia considerando que es el cuarto mercado emisor más importante para España. El negocio es el negocio y cuando de él se trata el honor patrio desaparece raudo. Añade el hotelero que «nos parece descorazonador que por fricciones políticas o ideológicas menores (joder, menor diplomáticamente no parece que unilateralmente el Gobierno italiano aborte la libre circulación) con un país hermano, amigo y socio en la UE como es Italia, se comience a poner trabas a los viajeros procedentes de este bello país». Dice Escarrer que Cataluña, Andalucía y las Islas serán las más perjudicadas. Lamenta que los controles se implementen en temporada alta porque «nuestra industria contribuye directamente con casi un 14 por ciento al PIB». Al hotelero lo acordado por el Gobierno «nos deja sin palabras».
Señor Gabriel Escarrer, ¿qué debería haber hecho el Ejecutivo? ¿Plegarse a la cacicada del Gobierno italiano? Tal parece que Escarrer da por buenas las protestas del ministro de Asuntos Exteriores de Meloni, Antonio Tajani, que se ha rasgado al farisaico modo las vestiduras cuando en Roma se han percatado de que se han quedado con el culo al aire al ver que se les responde con la misma moneda. Que no se debería haber llegado a esos extremos queda descontado, pero, señor Escarrer, ha sido el Gobierno de Meloni quien ha iniciado las hostilidades; la replica dada por el Gobierno Sánchez constituye actuación defensiva. Y se constata cómo le ha desaparecido el patriotismo a los de bandera española en ristre siempre que no se les toque el bolsillo: mantienen la boca cerrada. Si el hotelero Escarrer, que, recordémoslo, ha salido de Cuba como el manso cordero va al matadero, sin gallear, considera «descorazonador» lo sucedido, solicite, como mínimo, también cuentas al Gobierno de la señora Meloni, salvo que estime que en su caso la decisión de suspender la libre circulación está motivada y bien tomada. En ocasiones los plumeros se detectan con inusitada rapidez.
Acotación sorprendente.- Lo que sucede en el departamento de Costas del Gobierno de Prohens es transcendente al estar en juego el diputado que elige Formentera, que en esta legislatura es del PP. El caos desatado tiene que ver con el número de hamacas que se autorizan; lo que parecía bagatela sin importancia tiene las trazas de voltear la adjudicación del escaño. Si el 23 de mayo pasa a manos de la coalición de izquierdas, el PP confrontará problema añadido, que todavía le supeditará más a sus socios de Vox para alcanzar los 30 diputados, que marcan la mayoría absoluta en el Parlamento balear. Los entresijos de la movida los explicaba el lunes con detalle el compañero Mateu Ferrer; lo esencial: está en juego el codiciado escaño. Formentera no decantará la balanza, sí complicaría las cosas en el seno de las derechas.
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