Opinión | Tribuna

Diputado del PP Balears
El campo necesita menos demagogia y más soluciones

El conseller de Agricultura, Joan Simonet / Guillem Bosch
Hace unas semanas, en un debate parlamentario, el conseller Joan Simonet definió muy gráficamente la manera de entender el sector primario de algunos diputados socialistas afirmando que viven en los «mundos de Yupi». La frase provocó titulares. Pero, leyendo el artículo publicado recientemente por Marc Pons y Malena Riudavets sobre las ayudas de inversión en explotaciones agrarias (INEA), cuesta llegar a una conclusión diferentes. Porque una cosa es discrepar políticamente; y otra es describir una realidad que simplemente no existe.
Es curioso leer hoy al PSIB presentándose como el descubridor de un problema que tuvieron ocho años para resolver y no lo resolvieron. Durante dos legislaturas gobernaron esta comunidad, gestionaron estas convocatorias y mantuvieron el mismo sistema que hoy critican. Si era tan injusto, ¿por qué no lo cambiaron cuando tenían toda la responsabilidad de hacerlo?
Las ayudas INEA no son una invención de este Govern. La concurrencia competitiva es una exigencia de la normativa europea. Y el modelo sobre el cual se han tramitado estas convocatorias tampoco no es nuevo: es el que se aprobó durante la pasada legislatura. Conviene recordarlo porque, a veces, parece que algunos sufren una sorprendente amnesia selectiva.
La diferencia es que este Govern no ha mirado para otro lado ante un problema que el sector hacía años que denunciaba. No ha esperado a escribir artículos de opinión desde la oposición. Se ha dedicado a trabajar. Durante meses, se han mantenido reuniones con las organizaciones profesionales agrarias, cooperativas y representantes del sector para introducir mejoras consensuadas en los criterios de valoración. Pequeños cambios, sí, pero orientados a un objetivo muy claro: conseguir un reparto más equilibrado de los recursos disponibles.
A este esfuerzo hay que añadirle una decisión política inequívoca: incrementar la convocatoria inicial de seis millones de euros con cuatro millones más –dos aportados con fondos propios del Govern y dos más procedentes del decreto aprobado para paliar los efectos de la guerra en Oriente Próximo– hasta lograr una dotación total de diez millones de euros. Una ampliación que ha permitido dar respuesta a muchas más explotaciones y reforzar un sector estratégico en un contexto especialmente complejo.
Los datos son tozudos. El 88% de los expedientes subvencionados corresponden a inversiones inferiores a los 300.000 euros. Precisamente el perfil de explotaciones pequeñas y medianas que durante años reclamaban que el sistema tuviera más en cuenta su realidad. Es evidente que todavía hay margen de mejora. Nadie dice lo contrario. Pero también es evidente que hoy el reparto es más equilibrado que hace solo dos años.
Sorprende que los mismos que durante ocho años no modificaron ni los criterios ni el funcionamiento del sistema pretendan dar lecciones a los que sí han abierto un proceso de revisión con el sector. Porque esta es otra diferencia importante: las políticas públicas no se construyen a golpe de titular ni de tribuna de opinión. Se construyen escuchando a los afectados, buscando consensos y corrigiendo aquello que no funciona.
Y el trabajo no acaba aquí. Mientras algunos continúan discutiendo convocatorias ya resueltas, el Govern ya trabaja en la próxima convocatoria de ayudas INEA, dotada con 12,245 millones de euros, que incorporará nuevos criterios consensuados con el sector con el objetivo de seguir mejorando el reparto de los recursos y ampliar el número de explotaciones beneficiarias. Al mismo tiempo, también participa en el debate sobre el futuro de las ayudas europeas más allá de 2027, que es donde realmente se debe definir el nuevo modelo que marcará el futuro del sector primario. Gobernar es anticiparse, no llegar tarde.
Los agricultores y los ganaderos no necesitan discursos grandilocuentes ni revisiones interesadas de la historia. Necesitan gobiernos que escuchen, que tomen decisiones y que asuman responsabilidades. Unos descubren los problemas cuando pasan a la oposición. Otros los afrontan cuando tienen la responsabilidad de gobernar. Este es, al fin y al cabo, la diferencia que hoy marca el rumbo en el campo de las Illes Balears.
Señor Pons, señora Riudavets, se lo repetimos: va siendo hora de salir de los «mundos de Yupi» y pisar el campo. Es allí donde se comprueba qué funciona, qué se ha de mejorar y qué espera de nosotros el sector. Gobernar es esto: escuchar, decidir y actuar. El resto son artículos de opinión.
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