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Opinión | Tribuna

Manuela García

Manuela García

Consellera de Salud de las Illes Balears

Bebidas energéticas, gas de la risa y la responsabilidad de proteger a nuestros jóvenes

Jóvenes con latas de bebidas energéticas.

Jóvenes con latas de bebidas energéticas. / / Jordi Cotrina.

Balears acaba de dar un paso adelante en la protección de la salud de nuestros niños y adolescentes. La prohibición de la venta de bebidas energéticas a menores de edad, así como la prohibición de la venta, dispensación y publicidad del conocido «gas de la risa» para uso recreativo, son dos medidas de especial relevancia que ponen a nuestra comunidad en la cabecera de la protección de la salud de los menores.

El Decreto Ley de medidas urgentes que acabamos aprobar responde a una línea estratégica del Govern que pasa por reforzar la salud pública, lo que nos permite responder a los nuevos riesgos para la salud con decisiones basadas en la evidencia. Y esa respuesta se hace indispensable cuándo está en riesgo la salud de infantes y adolescentes.

La infancia y adolescencia coincide con el momento de la maduración cerebral, física y conductual, de construir la identidad, de la necesidad de aceptación y de pertenencia al grupo. En resumen, un momento de máxima vulnerabilidad a estímulos externos nocivos.

Prohibir la venta y el suministro de bebidas energéticas a menores de edad en Balears es una decisión basada en datos, evidencias científicas y en recomendaciones de las sociedades científicas.

La encuesta ESTUDES 2023, que analiza el consumo de drogas y adicciones en los estudiantes españoles de 14 a 18 años, ha puesto de manifiesto que el 47,7% de los alumnos había consumido bebidas energéticas durante el último mes y que el 19,5% reconocía haberlas mezclado con alcohol en ese mismo periodo.

Las bebidas energéticas no aportan ningún beneficio nutricional y se caracterizan por contener altas dosis de azúcares, cafeína y/o otros estimulantes. Para tener una referencia, una sola lata contiene las recomendaciones diarias de azúcares que hace la OMS para niños y adolescentes y su consumo puede provocar obesidad, taquicardias, hipertensión, insomnio, ansiedad e incluso problemas de dependencia.

Aún resulta más preocupante cuando se usan combinadas con alcohol, porque reduce la autopercepción de embriaguez pero, naturalmente, no la alcoholemia, favoreciendo un mayor consumo de alcohol, un mayor número de accidentes y de conductas de riesgo.

En definitiva, son un problema de salud pública en un periodo de la vida especialmente sensible a estos estímulos y además vulnerable a los mensajes comerciales que acompañan su uso.

Por eso debemos actuar con medidas preventivas como esta para reducir la exposición de nuestros infantes y jóvenes.

La segunda medida, prohibir la venta, disposición y publicidad para uso recreativo del óxido nitroso, o «gas de la risa», es una decisión igualmente basada en datos y evidencias científicas.

En 2025 se introduce su estudio en la encuesta ESTUDES revelando que el 1,7% de los jóvenes de entre 14 y 18 años tienen un consumo habitual, convirtiéndose así en una droga emergente.

Su consumo recreativo, bastante extendido en fiestas, raves y zonas de ocio nocturno y alta presión turística de nuestra comunidad autónoma, provoca una euforia y desinhibición que disminuyen nuestros reflejos y aumenta el riesgo de caídas y accidentes.

Inhalado en grandes cantidades o en espacios poco ventilados puede provocar hipoxia grave, asfixias, arritmias, paradas cardiorrespiratorias o incluso la muerte. Además, inhalarlo directamente de cartuchos o bombonas puede causar quemaduras por frío en labios, boca y vías respiratorias.

Además, su uso continuado puede generar daños neurológicos irreversibles como los descritos a nivel medular por destrucción de la vitamina B12, que cursan con parálisis de las extremidades o falta de control de esfínteres que carecen de tratamiento eficaz.

Es evidente que ya es un problema de salud pública y es necesario actuar. Por eso, realizamos cambios legislativos para regular el óxido nitroso como sustancia estupefaciente cuando su uso esté ligado al ocio.

Seguimos en nuestra línea de apostar por una Salud Pública fuerte que se anticipe.

Seguimos dando pasos, con medidas valientes, comprometidas, que protejan a nuestros niños y adolescentes.

El gas de la risa no es un juego inofensivo ni las bebidas energéticas son un refresco común.

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