Opinión
¿Una celebración incómoda?

La Familia Real, el pasado martes durante la recepción a la sociedad civil balear en los jardines del Palacio de Marivent. / Raúl Terrer / Europa Press
La Corona ha hecho mucho por la estabilidad de España. Nadie lo duda. También por su promoción exterior. Es, en cierta manera, el garante de equilibrio entre la ciudadanía española, triunfos de selecciones nacionales aparte. Pero también debería ser modelo de rectitud y buen hacer. De coherencia. De empatía para con el dolor de sus súbditos. Con un comportamiento modélico durante las semanas e incluso meses posteriores a las riadas ocurridas en l’Horta de València. Hace pocas semanas, durante los crueles fuegos que asolaron el Sistema Ibérico, la aparición regia insufló necesarios ánimos a una población realmente desolada. Fueron -y siguen siendo- grandes gestos, a la altura de la institución. Ahora bien, esta política de beaux gestes no siempre está al quite.
El pasado martes 4 de agosto se celebró en los jardines de Marivent la ya tradicional recepción a la sociedad civil balear. Centenares de personalidades de diversa índole accedieron bajo rigurosa invitación a lo que un día fue «Can Saridakis». De traje ellas, de camisa clara o guayabera y pantalones oscuros ellos. Ese era el dress code. Chocaba la imagen: los mismos que tan solo cuarenta y ocho horas antes se declaraban «consternados» ante probablemente la mayor matanza en suelo español desde los atentados de Atocha, iban engalanados y alegres a una fiesta de verano. Sin solución de continuidad, y a costa de los Presupuestos Generales del Estado.
Por lo que se ve, las desgarradoras imágenes de decenas de inertes cadáveres, arribando a la playa norteafricana, además de las miles de alpargatas infantiles flotando sin dueño, no han bastado para reconsiderar la oportunidad de la velada. O, como mínimo, de un posible aplazamiento de la misma. El dato frío es que, el lunes siguiente a una de las mayores tragedias vividas en suelo y costa españoles en los últimos tiempos -se mire como se mire, una masacre- el Jefe del Estado y su familia tenían a bien dar un festín en su residencia de verano.
Por ello, sorprende el aparente poco tacto ante la desgracia acaecida en territorio nacional. Quizás lo más prudente hubiera sido posponer el acto una o dos semanas. Dependiendo de las agendas oficiales. Se hubiera entendido perfectamente. Es más: muy probablemente, tal decisión hubiera sido motivo de general alabanza. La escena recuerda muy vagamente a la que dio el entonces monarca durante la primera Guerra del Golfo, patroneando el Fortuna como un verano más, cuando el país entero estaba sufriendo ciertas restricciones.
Por el bien de la supervivencia de la Casa, no deberían repetirse tales situaciones. Ya de por sí incómodas,y, dicho sea de paso, generadoras de un sentimiento cerril y en su contra. Pero también -y aquí está la otra variante- debería ser menester por parte de la sociedad balear una seria reflexión: sabiendo lo que había pasado en Ceuta, por qué no se declinó en masa la invitación. Y es que, pensándolo fríamente, quizás no fue la Corona la única culpable de la celebración del acto.
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