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Opinión | Al azar

Quién paga la fiesta de Marruecos

Migrantes llegados ilegalmente a Ceuta

Migrantes llegados ilegalmente a Ceuta / Iván Zambrano / Europa Press

Acontecimientos dispares como el salto a Ceuta o la final del Mundial de fútbol confirman que España es un país menos importante que Marruecos en el concierto mundial. A resignarse y perseverar, sin escuchar forzosamente a los eruditos que ilustran a las masas sobre la diferencia de diez a uno entre la renta per cápita del país semieuropeo y del enteramente africano. Omiten a Othman Benjelloum o Anas Sefriou, ciudadanos del país vecino con fortunas medidas en miles de millones de euros.

Los sabios del diferencial de riqueza olvidan sobre todo a Aziz Akhannouch, otro desvergonzado milmillonario que desempeña además o precisamente por eso la posición de primer ministro. Mientras casi cien mil descamisados marroquíes llegaban a pie o a nado a Ceuta, el jefe de su Gobierno también invadía España en masa. En concreto, aterrizaba en el aeropuerto de Palma de Mallorca a bordo de su reactor privado, rodeado de familiares y compinches. Pongan en marcha la caja registradora, un vuelo medido como mínimo en miles de euros. La pandilla se dirigió a continuación a Formentor, donde ha desaparecido el establecimiento que subyugó a Churchill o Chaplin, para levantar un vulgar Four Seasons de Bill Gates, con un precio por habitación y noche entre 1.500 y 3.400 euros. No elijan la más barata para la banda de Marruecos.

El primer ministro y sus gorrones no se encerraron en sus suites para entregarse a la oración. La parranda monopolizó su estancia, el ruido generado por el hotel molestaba a los humildes bañistas de los contornos. El coste total de las vacaciones, interrumpidas por el rey Mohamed VI para ordenar el regreso de su primer ministro, obliga a hablar en cientos de miles de euros. ¿En qué afecta a los españoles que otro extranjero con pésimo gusto derroche langosta y champagne en Mallorca? Muy sencillo, porque el Gobierno segundón del PSOE movilizaba al mismo tiempo millones de euros para atender a los jóvenes marroquíes sin futuro, que su primer ministro empobrece primero y utiliza después en Ceuta como force de frappe. Es aquí donde millones de humildes contribuyentes tienen derecho a preguntarse quién paga la fiesta de Marruecos.

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